Mario Ramón Becerra, representante de la Sociedad Cooperativa de Productos Pesqueros “Los Agostadores de Topón”, de Pijijiapan, manifestó que la pandemia les ha pegado al igual que a todos los sectores productivos. Prácticamente se quedaron sin mercado y no pudieron vender, ya que muchos comerciantes dejaron de trabajar.
Esto los obligó a regalar parte del producto extraído a la gente que más lo necesitaba en las comunidades aledañas, y lo destinaron también para el autoconsumo.
Mencionó que fueron pocos los pescadores que se enfermaron de coronavirus y la mayoría superó la enfermedad, los que no lo hicieron fue más por comorbilidades que presentaban.
Pocos también salieron de su comunidad para emplearse en otros rubros, el resto sobrevivió con el autoconsumo y el poco comercio que lograron en los meses más álgidos.
Esto lo comentó durante el conversatorio denominado “Intercambio de experiencias de pescador a pescador”, entre cooperativas pesqueras de los estados de Sinaloa y Chiapas, para conocer el proceso de comercialización, valor agregado y la organización que implementan, actividad organizada por la Reserva de la Biósfera La Encrucijada.
En su participación, indicó que ser una cooperativa no es nada más agruparse sino respetar la naturaleza y a cada miembro, por lo que se asociaron con grupos ambientalistas, entendiendo que no sólo era necesario extraer, sino el aportar, por lo que los reglamentos se convirtieron en acuerdos para la protección del medio ambiente.
Hoy día la cooperativa protege a la iguana, el casquito, la tortuga, el lagarto, y todas las especies animales endémicas de la zona, pero sobre todo cuidan los manglares, día y noche, todos los miembros; esto les ha permitido tener una buena relación con sus vecinos, porque el impacto del trabajo que realizan también los beneficia y lo han replicado.
Fue hace 30 años que obtuvieron su primer permiso para pescar y las zonas que les fueron asignadas para trabajar eran inaccesibles, las inundaciones de los ríos siempre causaban problemas.
En ese entonces eran jornaleros, macheteros, empleados de los dueños de ranchos, que por una inquietud lograron identificar una zona de crianza de camarón, empezando a trabajar.
Desde ese momento la cooperativa se volvió un bastión productivo, siendo la parte más importante de la comunidad, aunque hay otras actividades económicas como la ganadería y agricultura, pero todavía sigue siendo la preponderante.
Comenzaron a trabajar con el paso de los meses en un reglamento para todos los miembros, con el fin de no sobreexplotar los recursos de la zona y obtener productos cada temporada, con los permisos correspondientes, de Hacienda, el SAT, instancias de medio ambiente, con notario público y todo lo necesario.
Previo a la pesca tienen acuerdos con el comerciante para definir el precio, después revisan todas las atarrayas, que sean de la misma luz de maya. La pesca individual se realiza con dos personas. Hay un horario establecido para entrar a pescar, de 6 a 10 horas. Todos los pescadores una vez que terminan llegan a un pesadero para registrar lo que pescaron.












