Una encuesta del Banco de México revela que 85% de los especialistas económicos no está muy confiado en el futuro financiero inmediato del país. Perciben nubarrones que complicarán el ambiente de negocios, por lo cual hay que ser particularmente cuidadosos al evaluar temas tan delicados como el impuesto a la gasolina dentro de la deseable y esperada reforma fiscal.
Para hablar claro, esa mayoría de expertos estima que la economía está hoy peor que hace un ano, y la mitad piensa que el clima de negocios puede empeorar al cierre de 2007.
Hay razones objetivas para el nerviosismo por un entorno global desfavorable y porque se acerca la recta final de la negociación para alcanzar una reforma fiscal, que debiera quedar lista esta semana para poder ser considerada en el Presupuesto de Egresos del ano próximo. En la medida que se acumulan las senales de alerta, la conducta debe ser cautelosa pero no medrosa.
El crecimiento económico y la creación de empleo siguen siendo menores que los requeridos.
El gobierno demanda recursos, sin duda necesarios, pero para lograrlo hay que pasar por una reforma negociada, como se tiene ya, pero no diluida en su esencia. Que paguen los que no lo hacen, aun cuando devengan grandes utilidades u honorarios. Que aporten igualmente los que, acogidos a la informalidad, eluden su responsabilidad ciudadana no por precariedad sino por ambición.
La reforma, en lo que ha trascendido, incluye un delicado impuesto a la gasolina de 5.5%. Es importante calcular y atemperar posibles efectos inflacionarios derivados del mismo. Mayores ingresos fiscales son necesarios, siempre cuidando que no haya consecuencias negativas colaterales.
Atender situaciones alarmantes, como la terrible desigualdad económica de México, donde menos de 0.5% de la población económicamente activa se beneficia con casi 40% del Producto Interno Bruto, según la Comisión Nacional Bancaria y de Valores, es indispensable y pasa por la acción del Estado en su mejor encarnación, apegado a valores incluyentes y en estricto sentido a la transparencia.
Al nerviosismo local hay que agregarle un entorno internacional incierto, porque México no es una isla en el espacio económico global.
La visita sorpresa que hiciera ayer George W. Bush a Irak nos recuerda lo enorme del gasto bélico estadounidense, que al parecer no disminuirá en los próximos meses y sin duda hará cada vez más riesgoso el déficit de aquella nación, a lo que hay que sumar la reciente crisis hipotecaria mundial.
En una especie de efecto mariposa, el tiro disparado en Irak puede significar la pérdida de empleos en América Central o en México, que es lo que nos debe preocupar.
Estos próximos 18 meses, ante la debilidad creciente de la presidencia de George W. Bush y la ineludible codependencia económica de México con Estados Unidos, sin importar que las críticas a su política migratoria arranquen sentidos aplausos, debemos estar atentos a que el estornudo no se nos transforme, aquí, en pulmonía económica. (El Universal).











