"México tiene que resolver la gran contradicción entre su voluntad de aportar en la lucha contra el cambio climático y su doble dependencia del petróleo: consumo-exportación. Lo que en la superficie pareciera un asunto de doble moral -proclamar los males del petróleo y vivir de él-, en el fondo es un problema tan complejo que plantea la sobrevivencia misma de la nación.
El dilema fue abordado por Enrique Leff, del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), quien no ignora la dimensión de la tarea, pero tampoco puede desconocer que son los países más industrializados quienes más danan la naturaleza, aunque por tener a su cargo la Red de Formación Ambiental para América Latina y el Caribe, recuerda que México está obligado a reducir el consumo de combustibles fósiles y a buscar nuevas fuentes de energía, eólica, solar, biológica. En suma, cambiar nuestra forma de vida para sustituir el petróleo por combustibles limpios.
Prácticamente todo está por hacerse. Hay que formular programas de investigación, innovación y adaptación tecnológica, y estimular la inversión en energías limpias que pueden resultar sumamente competitivas.
Antes, sin embargo, hay que hacer conciencia de que el desarrollo debe respetar a la naturaleza o pondremos en riesgo la sobrevivencia de la humanidad entera, como advierte el Premio Nobel de Química mexicano, Mario Molina.
El cambio climático, en efecto, provoca escasez de agua, extermina flora y fauna y es causa de letales ondas cálidas y de huracanes con mayor fuerza destructiva. ""Si no le paramos, todo será peor"", afirma el científico.
A la concientización debe seguir el entramado de los diversos programas de acción, públicos y privados, para que no se estorben ni anulen las acciones, sino que se complementen en el manejo del agua, la conservación de los bosques y la despetrolización en general de nuestras vidas.
Debemos desalentar el uso del transporte privado, lo que es posible, pero no sin antes mejorar y ampliar el servicio público.
El reto es desarrollar nuevas fuentes de energía, por un lado y, por otro, encontrar los contribuyentes necesarios que le permitan a México no seguir dependiendo tanto de la dupla consumo-exportación de petróleo. Actualmente, 40% del presupuesto nacional es aportado por Petróleos Mexicanos, que a su vez está sin dinero para continuar sus programas de exploración, producción, refinación y venta, y para las investigaciones que debiera hacer en busca de combustibles no fósiles.
Por si fuera poco, la inversión en seguridad de Pemex aumenta ante amenazas externas, puesto que como se vio ayer en distintos estados de la República, las declaraciones gubernamentales buscaron minimizar el riesgo de ataques terroristas, pero las acciones emprendidas son muestra de que se tomaron medidas precautorias. No sobran éstas, ante declaraciones como las de ayer del Departamento de Estado, que piden tomar en serio las advertencias.
Estados Unidos debe firmar el Protocolo de Kioto; nosotros ya lo hicimos. Con mayor razón, asumamos el compromiso, por nuestro bien y el de la humanidad, de depender menos del petróleo. (El Universal)
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