Cuando se padecen al año más de cinco episodios de inflamación en las amígdalas, sobre todo en niños, se requiere someterse a una evaluación médica a fin de determinar si lo mejor es extirparlas, con el propósito de evitar las molestias que ocasionan en la garganta.
Georgina Calvo Fonseca, otorrinolaringóloga adscrita al Hospital General de Zona No. 1 del IMSS en Tapachula, explicó que si las amgídalas –se ubican en la parte de atrás de los últimos molares y son de color rosa, en forma de almendra-, ocasionan muchas molestias, antes eran operadas para prevenir la fiebre reumática, pero ahora se sabe que esto no es necesario.
Informó que su extirpación debe hacerse solo cuando se inflaman a grado tal que cierran la garganta, sangran, duelen al comer o tragar saliva, o si crecen repentinamente; forman parte del sistema linfático, que resguarda la seguridad en la boca y se encargan de “capturar” cualquier agente infeccioso ya sea hongo, batería o virus, lo que provoca precisamente que su tamaño aumente o se hagan mucho más fibrosas, sobre todo cuando los cuadros infecciosos son repetitivos.
Precisó que hay diversos tipos de virus que pueden inflamar las amígdalas, unos más agresivos que otros como el de la influenza; así también para mantenerlas hidratadas es necesario chupar caramelos.
Insistió que extremar la higiene haciendo gárgaras con algún enjuague, tomar líquidos y no administrarse antibióticos sin vigilancia médica, así como evitar acudir a lugares concurridos, cubrirse la boca y nariz al toser o estornudar; y cuando hay dolor o ardor, autorevisarse.











