Alrededor de unas 30 mujeres se manifestaron este lunes frente al palacio de justicia ubicado en San Cristóbal, mientras una abogada participaba en la audiencia de vista con tres magistrados para exigir la liberación de la indígena Maricela López Bautista, presa desde el pasado 20 de noviembre de 2019 y sentenciada a 25 años de prisión por el homicidio de su pareja, cuando trató de defenderse, informó su abogada Marcela Fernández Camacho, de la Colectiva Cereza.
“Se trata de un caso de legítima defensa. Ese día, Maricela, que es monolingüe, fue atacada con un machete. Estaba embarazada de seis meses y estaban sus otros dos hijos menores de edad dentro de la casa. El occiso, de nombre Juan ‘N’, la encerró, atrancó la puerta, empezó a afilar el machete; después empezó a atacarla y ella se defendió con un leño, derivado de lo cual el sujeto falleció”, agregó.
En entrevista, señaló que la mujer tsotsil de 26 años, originaria del ejido La Florida, municipio de Rincón Chamula y presa en el penal de San Cristóbal, “fue acusada de homicidio calificado cuando en realidad debió de tomarse en consideración, jurídicamente, que se trata de una legítima defensa, por lo que debió de ser absuelta en la primera instancia, pero la jueza Dora Luz López la sentenció a 25 años de prisión, sin tomar en consideración todas las pruebas que presentó la defensa”.
Añadió que fue la defensa quien presentó “la declaración de Maricela, un peritaje en antropología social con perspectiva de género que estableció que vivió en un contexto de violencia feminicida durante los tres años que convivió con ese señor y ante la indiferencia de las autoridades estatales y comunitarias para combatir la violencia de la que era víctima; un peritaje en psicología clínica estableció contundentemente que en esos momentos ella estaba en una estado psicológico emocional, en el que estaba viviendo esa experiencia, que además es objetiva, de un ataque feminicida y que tenía que defender su vida”.
Esas pruebas, abundó Fernández Camacho, “no fueron valoradas por la jueza; únicamente tomó en cuenta un testigo singular que no tenía ningún soporte y además ese testigo singular también fue testigo de cómo el occiso la amenazó, la regañó y le empezó a reñir de que no le servía bien la comida y la amenazó con que la iba a golpear, y después empezó a escuchar la pelea y vio la misma, que en realidad se trataba de la defensa de Maricela”.












