La salud emocional de los docentes debe ocupar un lugar central en las políticas y prácticas educativas, debido a que los malestares que no son expresados ni elaborados pueden afectar tanto el deseo de enseñar como la relación entre maestros y estudiantes, afirmó el psicoanalista y psicólogo colombiano Andrés Amariles Villegas.
En el marco del Congreso Internacional de Educación y Psicoanálisis “Del malestar al bienestar docente”, realizado en Tuxtla Gutiérrez, el especialista señaló las dificultades que enfrentan los docentes en el ejercicio de su profesión.
El malestar docente
Desde la perspectiva psicoanalítica, destacó, es necesario reconocer que cada maestro vive de manera distinta los retos de estar frente a un aula, por lo que las soluciones estandarizadas no siempre responden a las necesidades particulares de cada docente.
“Siempre hay algo de imposible en la tarea de educar”, sostuvo.
Ante ello, consideró fundamental dar un lugar a la experiencia afectiva de los maestros, para que cada uno pueda desarrollar sus propias formas de afrontar las dificultades.
Explicó que, aunque existen protocolos, manuales y estrategias diseñadas para atender problemáticas educativas, estas herramientas no necesariamente pueden responder a la singularidad de cada persona.
La palabra como herramienta
Subrayó que una de las principales herramientas para atender el bienestar docente es dar espacio a la palabra, tanto de los maestros como de los estudiantes.
Consideró necesario crear espacios donde los docentes puedan hablar, ser escuchados y reflexionar sobre aquello que les genera malestar en su práctica profesional.
De esta manera, dijo, los maestros pueden reconocer conocimientos y recursos que ya poseen, pero que en ocasiones no identifican conscientemente, para encontrar nuevas maneras de enfrentar las situaciones que surgen dentro del aula.
Salud mental
Reconoció que la salud mental se ha convertido en un tema de creciente importancia dentro de las políticas educativas; sin embargo, señaló que su atención suele enfocarse sobre todo desde perspectivas clínicas y relacionadas con la enfermedad.
Frente a ello, propuso abordar el bienestar docente desde una perspectiva que permita comprender los afectos y las experiencias particulares de cada maestro, en lugar de asumir que todos enfrentan los mismos problemas de la misma manera.
Por ello, hizo un llamado a fortalecer los dispositivos de escucha y espacios de diálogo dentro del ámbito educativo, donde los docentes puedan expresar y elaborar las experiencias que afectan su desempeño.
De acuerdo con el especialista, generar estas condiciones puede contribuir a que los docentes encuentren formas más tranquilas y orientadas de enfrentar su profesión y, al mismo tiempo, fortalecer la relación que mantienen con sus estudiantes y con la propia tarea de enseñar.












