Familiares de Antonio Gómez, quien se encuentra recluido en el penal de “El Amate”, solicitan a las autoridades que su caso sea revisado a fin de que pueda alcanzar su libertad.
Marcelina González Cruz, madre del hombre que acumula 20 años en la prisión, pide que se tome en cuenta su pesar, pues sólo ruega poder ver a su hijo libre, ya que es una mujer de avanzada edad.
Lo que su vástago ha aceptado es que una noche del año 2001 salió de una cantina de la colonia Patria Nueva y abordó un taxi junto a dos sujetos, pero de manera repentina sus acompañantes comenzaron a agredir al conductor y tras golpearlo lo dejaron abandonado.
Antonio fue obligado a manejar la unidad por sus compañeros y sólo él fue capturado, para después ser llevado al extinto penal de Cerro Hueco.
Tres años más tarde fue trasladado al penal de Copainalá, acusado del robo de vehículo y por las lesiones al taxista, por lo cual su condena fue fijada en 18 años.
Luego de algunas semanas en el encierro, Antonio Gómez fue acusado de un homicidio que asegura no cometió, ni si quiera participó, y en el que los testigos no lo señalaron a él, sin embargo, los responsables fueron quienes lo involucraron en el robo del taxi.
Los acusados lo señalaron a él, en medio de una serie de torturas y engaños por parte de quienes los detuvieron.
Hace cuatro años las autoridades otorgaron la libertad a los dos sujetos que estaban recluidos por los mismos delitos de los que se le acusa a Antonio, por lo que sus familiares no logran entender el motivo por el cual sigue preso.
En el año 2008, Antonio recurrió a todas las opciones posibles para recuperar su libertad: una apelación, un amparo y nada logró solucionar su situación, incluso su condena no se atenuó.
Hoy purga una sentencia de 36 años preso en el Centro de Reinserción Social para Sentenciados No. 14 “El Amate”, en el municipio de Cintalapa.
Marcelina González comenta que poco a poco ha dejado de visitar a su hijo, incluso el encierro le ha cobrado la separación de su segunda esposa y la lejanía de al menos tres de sus cuatro hijos.
En el tiempo que lleva, ellos han crecido y aún recibe un poco de apoyo de una de sus hijas, pero cada vez es más difícil ayudarlo, pues ella cuenta con una familia a la cual debe sostener.
La señora Marcelina exige que la justicia llegue al caso de su hijo, puesto que asegura que él no cometió el homicidio del que se le culpa, y en caso de que así hubiera sido, no hay una explicación clara del por qué los acusados de la complicidad están libres pero no su hijo.












