El estudio “¡Pues es tortura!”, promovido y coordinado por la Organización Mundial Contra la Tortura (OMCT) y el Centro de Derechos Humanos “Fray Bartolomé de las Casas” (Frayba), con sede en Chiapas, visibiliza la discriminación, racismo y exclusión que sufren los pueblos originarios en América Latina.
Esto, en un contexto político y social convulso que viola los derechos y propicia la victimización tanto individual como colectiva por medio de la tortura, penas crueles, inhumanas o degradantes.
La documentación muestra que en los últimos años se multiplicaron los intentos en todo el continente de controlar la tierra, el territorio y a la propia población indígena en pro de la implementación de megaproyectos de desarrollo turístico, hidroeléctricos o extractivos, y en detrimento de sus derechos fundamentales.
Otras violencias
La tortura generalmente aparece ligada a otras formas de violencia como la desaparición forzada, las ejecuciones extrajudiciales, la detención arbitraria y la violencia sexual con base en el género, por mencionar algunas.
El estudio da cuenta que el despojo de tierras y bienes puede representar tortura o malos tratos, señalando a autoridades estatales y grupos criminales armados como los responsables.
Estas estrategias provocan desplazamientos, violencia, intimidación y el uso excesivo de la fuerza. Las mujeres también se enfrentan a altos índices de violencia sexual, a la que se le agrega la tortura que el agresor o los agresores efectúan en el contexto de la detención a través de golpes en partes sensibles del cuerpo de las mujeres, manoseos, desnudez forzada y violencia sexual.
Patrón reiterativo
La investigación explica que en Guatemala se forjó un modelo que racializó al sujeto “indio”, despojándolo de su condición de sujeto de derecho, el cual debía ser “civilizado o civilizada” para su correcta integración a la sociedad en general y para ser considerado “ciudadano” o “ciudadana”.
En México se repite el mismo patrón con un limitado reconocimiento constitucional de los derechos de los pueblos indígenas, particularmente en lo relativo a su autonomía y libre determinación, Además, para que el despojo de los territorios ancestrales se lleve a cabo, la militarización juega un papel fundamental.












