Romeo Blanco Trujillo dedicó 34 años de su vida a ser un operador de lanchas turísticas en Chiapa de Corzo, y asegura haber sido de los primeros en serlo; durante décadas también contribuyó a la labor social de buscar cadáveres de aquellos que intentaron nadar en el Grijalva y fueron devorados por el gran afluente.
Actualmente se ha retirado de la conducción de lanchas, pero aún tiene energías suficientes por lo que se ha empleado como ayudante en el embarcadero, es el encargado de los chalecos salvavidas que utilizan los turistas.
Dice ya no sentir ganas de navegar sobre el caudaloso río porque se ha aburrido de él, sin embargo, sonríe al recordar que comparten tantas historias juntos y que gracias a este oficio sacó adelante por años a su familia.
“Desde 1979 fuimos los primeros en ingresar al río como actividad de navegación, nos encargamos de probar la capacidad de los motores sobre el nuevo nivel del río; nosotros limpiamos el camino a los actuales muchachos que hoy lo navegan”, mencionó Blanco.
Orgullosamente dice haber sido de los fundadores de las primeras ocho lanchas que funcionaron para transportar personas, productos y hacer pequeños recorridos; don Romeo y sus compañeros desconocían que daban inicio a la dinámica acuática más atractiva de Chiapa de Corzo.
A pesar de ser uno de los fundadores sobrevivientes, a Blanco Trujillo no fue fácil de localizar de hecho se le pudo contactar por mera coincidencia, ya que primeramente se buscaba a otra persona, pero al ir de lanchero en lanchero don Romeo saltó al escenario.
Mientras se esperaba a otro operador, amablemente Blanco Trujillo se acercó a la banca y comenzó a platicar que durante sus años de servicio nunca vio ahogarse a un extranjero, todos los que él socorrió siempre fueron turistas locales o nacionales.
Tiene en su mente muy grabada la vez que ayudó a una familia a buscar el cadáver de unos de sus familiares, el finado tenía dos días de haber ahogado en el río de Acala y aún no daban con el paradero del cuerpo.
“Nos quedamos de ver en el embarcadero a las 5 de la mañana, me acompañaron su esposa, un joven y una persona de la tercera edad. Partimos buscando en ambas orillas del río recorriendo en forma de zigzag, fue hasta el punto conocido como el Tapón donde pudimos localizar el cuerpo”, abundó don Romeo.
Agregó que el cuerpo de-safortunadamente ya estaba siendo comido por zopilotes, pero pudieron rescatarlos completo. También comentó que debido a la fuerza de la corriente en tan solo dos días un cadáver puede viajar grandes distancias.
Relató también que aparentemente el Cañón del Sumidero hace jugarretas a quienes transitan dentro de él diariamente; una vez que viaja solo, de regreso de la Presa Hidroeléctrica Chicoasén, su lancha quedó varada en medio del río.
Aparentemente era el exceso de basura que detuvo su marcha, sin embargo, en otras situaciones de mayor presencia nunca se había detenido, esperó casi hora y media bajo la oscuridad hasta que la fuerza del viento logró destrabar a la embarcación y pudo regresar al embarcadero hasta casi la media noche.
En otra ocasión, mientras regresaba de uno de sus incontables recorridos, se percató de la presencia de un cuerpo flotante sobre una de las orillas, en el momento no comentó nada para no alertar a los paseantes, fue hasta desembarcar que dio aviso a los policías.
“Esa vez todavía hice dos recorridos más y el cadáver ahí seguía flotando, el Ministerio Público tardó horas en acudir al lugar. Pobre cuerpo, saber quién sería”, rememoró Romeo Blanco.
Dice no creer en los “secretos” que algunos buscadores de cuerpos realizan al emperador dicha labor, como son el gritar el nombre del fallecido o prender alguna vela durante la búsqueda, afirma que solamente con conocer el nivel, la corriente y el lugar de la de-saparición se puede dar con la posible ubicación del cuerpo.
De vez en cuando se sube a una lancha para acompañar a unos de sus hijos en los recorridos que realiza, fuera de ello ya no visita constantemente al imponente Cañón del Sumidero desde el 2013, fecha en la que dijo adiós a la actividad lanchera.












