La música de pito y tambor acompaña las celebraciones zoques de Tuxtla Gutiérrez desde hace al menos 500 años, así lo expusieron Jorge Antonio De la Cruz Velázquez y Juan Ramón Álvarez Vázquez en el Museo Regional de Chiapas.
Los ponentes explicaron que la música tradicional se conserva en dos instituciones antiguas, la ermita del Señor del Cerrito y la mayordomía de la Virgen del Rosario. También suena en casas y rituales. No todo se dedica a los santos. Cuando fallece alguien, la música también acompaña.
Álvarez Vázquez recordó que Chiapas tiene 13 pueblos originarios y 13 lenguas originarias. La música zoque es resultado de un proceso histórico de 500 años, con aportes de pueblos originarios, afrodescendientes y frailes dominicos. El sincretismo mezcla lo cristiano con creencias antiguas.
El repertorio actual consta de 15 sones; siete tienen baile: Candelaria, Carnaval, Santa Cruz, Corpus, San Roque, San Miguel y el zapateado. Cada uno tiene un número distinto de piezas. Candelaria suma 13; Carnaval, nueve; Santa Cruz, cuatro; Corpus, 11; San Roque, siete; San Miguel, 11.
Calendario
La música marca el calendario. El son de Rosario abre las festividades. Se toca al salir las virgencitas de Copoya y se cambia por Candelaria y Carnaval según el tramo. En el panteón, el dos de noviembre, los músicos entran con el son de pasión y despiden con Corpus.
Los instrumentos se elaboran a mano. El carrizo lleva seis orificios al frente y uno atrás. Se corta en luna llena y se seca antes de trabajarlo. El tambor usa piel de venado y madera de cedro, tulipán o primavera. La vestimenta es blanca, con banda, huaraches, sombrero y pañuelo.
La organización corre por cuenta de los músicos. El prioste visita la casa del maestro con un presente: cuatro tortas de pan, cuatro rosquillas, un kilo de azúcar, una botella de licor y una cajetilla de cigarros. El músico convoca a sus tamboreros. No hay pago. Van por devoción.
De la Cruz relató que aprendió en las fiestas, sin partituras. Su tambor perteneció a su abuelo. “La música se tiene que ir de la mano con el danzante”, dijo.
Juan Ramón Álvarez concluyó que la tradición sobrevive por la sociedad, no por instituciones. “Depende de los que hacen y viven la tradición”, afirmó.












