PUBLICADO EL SÁBADO 13 DE MAYO DE 2006El río dejó casas mordisqueadas desde octubre….. y así están.Los pobladores están molestos porque aseguran que el Gobierno no ha hecho nada por la reconstrucción. Sólo el polvo juega con el aire cálido en este lugar donde las familias con sus propios recursos tratan de recuperar su patrimonio que les arrebató “Stan”.
Los hombres y mujeres que se resignan a quedarse confían aún que el Gobierno les dote de una vivienda, pero sólo 14 de las 17 familias de damnificadas han recibido la “minicasa”, con una recámara de cuatro por cuatro, una sala de cuatro por siete, un baño y un lavadero.
No hay para los damnificados. Sólo esa minúscula vivienda, como una casa de juegos para las niñas ricas. Filiberto Escalante, jefe de una familia de cinco miembros, no decae un solo momento su esfuerzo como ayudante de albañil para levantar la casita que sólo piso y repello le falta. “Todo lo dio el gobierno”, presume ante un intenso sol.
“No voy a caber en una casa como esa. Tengo siete hijos, uno de ellos está enfermo”, lamenta a su vez, Denustina López, que desde el paso del “Stan” marchó hacia Lázaro Cárdenas”, a ocho kilómetros de distancia. Hoy está de regreso.
A raíz del huracán, la casa de Denustina, de 62 años de edad, quedó enclavada en una barranca, casi a pie del río. Antes, cuenta, el cauce del afluente le quedaba a dos calles. La mujer vivía tan segura que decidió construir dos recámaras para su prole, pero no hay rastros de los cimientos.
La necesidad es más grande. Está resignada a quedarse a vivir en su casa aunque con la llegada de la temporada de lluvias vuelva el peligro. “Si el río no se lleva mi casa aquí me voy a quedar”.
Convencida, menciona que si el gobierno decide darle una casa “por el rumbo de la telesecundaria”, será para su hijo que pese a su deficiencia mental de nacimiento trata de indagar por qué su casa está destruida.
Los damnificados saben que el gobierno ya tiene el terreno para el complejo habitacional que alojará a las 61 familias. Sólo eso hay. La construcción de las minicasas aún no se ha dicho cuándo iniciará.
Una mujer que se identifica sólo con el nombre de Reynalda explica que preferiría una casa grande como las que que tenía antes de “Stan”, pero se conformará con recibir la que el gobierno le adjudique, “en vez de (que no me) dé nada”.
A lo mucho fueron dos meses que las 75 familias de damnificados recibieron apoyo de despensas alimenticias y programas de trabajo temporal por parte de la Sedesol. Desde entonces no hay nada, “no hay ni trabajo, ni ayuda….” explicó un poblador.
Los hombres que se han quedado en el pueblo no tienen otra opción que buscar sobrevivir con sus familias (de entre siete y ocho miembros) en la milpa. Muchos han decidido marchar a Estados Unidos donde tienen previsto establecerse varios años.
El esposo de una vecina de doña Denustina no esperó más y se fue a la frontera norte. “El marido de la vecina acaba de venir de los Estados Unidos, pero cuando vio su casa destruída se volvió a regresar”.












