Pobreza| un mal negocio

"Nadie dijo que acabar con la pobreza en México sea fácil, pero prácticamente todos los partidos políticos, durante la campana electoral del ano pasado, dijeron saber cómo sentar las bases para revertir el fenómeno. Todos ganaron alguna representación popular, desde la más modesta presidencia municipal hasta la Presidencia de la República, a todos les corresponde probar su compromiso con el ataque a la pobreza.

Tanto Beatriz Zavala, secretaria de Desarrollo Social, como Andras Uthoff, director de Desarrollo Social de la Comisión Económica para América Latina (Cepal), coinciden en que muy difícilmente durante el gobierno de Felipe Calderón se generarán los empleos que saquen de su condición a los 50 millones de pobres del país. La funcionaria mexicana habla de presupuestos insuficientes y de responsabilidades compartidas por los tres niveles de gobierno para acabar con los niveles de marginación.

Uthoff va más allá y advierte que el problema es macroeconómico y supera, con mucho, la sola receta asistencialista de programas como Oportunidades, el más grande bajo la responsabilidad de Zavala, que palian los efectos de la pobreza, pero no la combaten de raíz.

Reconocer la magnitud del reto no debe ser sino diagnóstico para reiterar la decisión de enfrentarlo. Como en la fábula griega de Sísifo, cada vez que se tire la piedra habrá que remontarla cuesta arriba.

La clave radica en generar condiciones de bienestar económico generalizado que sólo se pueden alcanzar vía la inversión pública y privada y el eventual crecimiento económico. Hay que ganar una doble partida: la tasa de desarrollo de México es de las más bajas respecto del promedio latinoamericano, que a su vez, como bloque, es de las más bajas del mundo.

Lo que hay que definir con claridad es el modelo económico que queremos seguir y, entonces sí, sobre ése, subir a todos los sectores productivos del país. Tal es lo que han hecho otras economías que remontaron la miseria de sus poblaciones.

No olvidemos que a partir de las amargas experiencias coloniales, una gran superficie del planeta vivía en condiciones frecuentemente descritas por los cronistas como de ""pobreza asiática""; hoy muchas de esas naciones son pujantes tigres.

Más cerca de casa, Chile definió con claridad su modelo y, sin abandonar a los olvidados de su tierra invirtió, de tal suerte que hoy gozan de altas tasas de crecimiento per cápita.

En México la primera tarea sería dejar el jaloneo político para otros espacios que no toquen el combate a la pobreza, donde una tregua por el bien de todos se impone. Luego hay que coordinar acciones y dirigirlas al mismo objetivo, las del gobierno, pero también las del sector privado, que debe asumir su responsabilidad social en materia de sueldos, creación de empleos e inversiones productivas.

La pobreza es mal negocio. Políticos, empresarios y la sociedad misma deben comprender que no necesitamos más pueblos, como Amealco y Tolimán en Querétaro, que en lugar de proyectarnos al futuro nos anclan en un pasado de enfermedades derivadas del alcoholismo y el hambre. (El Universal)

"