"Ayer, el presidente de la República, Vicente Fox, anunció un ""agresivo programa"" para rescatar de la pobreza extrema a 50 municipios de alta marginación ubicados en la montana de Guerrero, la mixteca (poblana, oaxaquena y guerrerense), sierra de Zongolica, Veracruz, y la sierra Negra de Puebla.
Las obras contemplan trabajos de electrificación, programas de salud y apoyo a proyectos productivos, según mencionó el mandatario al visitar el municipio Eloxochitlán que, de acuerdo con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), ocupa el lugar número 20 en marginación dentro de nuestro país.
Pese a que la modernidad ha llegado de diferentes formas y en diversos rangos a las principales ciudades del país, y a que la democracia como sistema de vida político avanza en México, todavía hay aquí zonas de marginación que son una vergüenza para cualquier estado que incluya en su discurso oficial la idea reiterada de estabilidad y desarrollo consolidados.
En no pocas ocasiones, tal marginación es motivo de mayor preocupación en el extranjero o en oficinas de organizaciones multinacionales, que en los propios estados de la República donde se presentan sus manifestaciones más crudas. Es lamentable que una vez iniciado el siglo XXI haya en México pueblos olvidados, donde la modernidad nunca ha llegado, aunque sí muy probablemente las promesas de candidatos y gobernantes que se han dicho ""muy preocupados"" por su grado de atraso, sin que jamás se les haya tendido una mano.
No debemos aceptar ser un país de grandes contrastes, con gente muriendo por falta de alimento, de servicios elementales de salud o sin contacto con el resto del país y sin ninguna esperanza de progreso por falta de oportunidades.
Los programas de combate a la marginación implementados por diversos gobiernos han ayudado a paliar la difícil situación de miles de mexicanos que viven en zonas depauperadas, pero no se ha dado el salto definitivo hacia la erradicación del problema en todo el país.
La solución es estructural, pues programas de desarrollo económico aplicados de forma arbitraria y contradictoria con nuestros requerimientos de igualdad y justicia social son aplicados de forma criminal. Solucionar esta incomprensión y falta de calidad política será el principio de la solución de la pobreza en México.
No es bueno que, de manera cíclica, organismos multinacionales nos digan dónde están los pobres, y nosotros nos digamos sorprendidos y ampliemos las partidas presupuestales para ayudarlos a subsistir.
Millones de pesos se destinan anualmente a programas asistencialistas, para hacer llevadera su pobreza.
No podemos enganarnos con sólo tener estabilidad macroeconómica, ser miembros de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) o tener a algunos mexicanos en la lista de empresarios más ricos del mundo, entre otras cosas. Si no hay justicia social estaremos siempre en riesgo de que el descontento ciudadano se acumule y se manifieste de forma peligrosa para todos.
Nadie puede estar satisfecho con el país que tenemos, si siguen muriendo mujeres y ninos por falta de atención hospitalaria oportuna o por falta de una adecuada nutrición.
Hay que ir, insistimos, a la raíz del problema, sentando las bases para una economía más justa y estable, eso es parte de un programa más amplio y ciertamente agresivo contra la pobreza en México. Un programa de largo plazo en el que los cambios de gobierno no sean una detente para reiniciar el camino andado. (El Universal)
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