Poder femenino en la tinta y la aguja

Poder femenino en la tinta y la aguja

A sus 16 años, Paulina Ovilla acudió por primera vez a un estudio de tatuajes para hacerse su primer diseño en la piel. Nunca pensó que años después este oficio se convertiría en una pasión que le cambiaría la vida.

Paulina cuenta orgullosa que es licenciada en Contaduría Pública y su carrera universitaria la hizo en el estado de Nayarit, aunque es originaria de Tuxtla Gutiérrez.

Se convirtió en mamá muy joven. A los 18 años tuvo a su primer hijo y el segundo a los 25. Hoy, ella tiene 37 años, sus hijos ya son adolescentes y asegura que aparte de ser madre ha tratado de ser su mejor amiga, la que los aconseja y los cuida.

Al volver a la ciudad trabajó por varios años en oficinas ejerciendo lo que había estudiado. Un día volvió a ir a un estudio para hacerse un nuevo tatuaje y casi de manera fortuita le preguntaron si tenía el interés de aprender a tatuar, y sin pensarlo más de una vez accedió.

“Recuerdo que Joan Martínez fue quien me animó a estar en este oficio, me incentivó con la idea de tatuar a mujeres, porque creía que así podría haber un entorno más de confianza entre nosotras”, cuenta.

Asegura que se inició con miedo, pero poco a poco fue descubriendo que tatuar era su pasión. Cambió los números y la oficina por un estudio y la tinta. “Dejé ese lado porque era algo que realmente no me gustaba, decidí quedarme en el mundo de los tatuajes; han pasado cuatro años y aquí sigo”.

El apoyo de su familia fue vital para tomar esa decisión, sobre todo el de su madre, quien en un principio no estaba tan de acuerdo. “Es bien chistoso, porque ella no quería y hoy puede presumir que su hija la tatuó”, cuenta con una sonrisa.

“Mi mensaje a las mujeres es a que se animen a seguir sus sueños, que dejen de lado los prejuicios y que se atrevan, siempre seguras de la decisión y al final verán las recompensas”.