Políticos a desnivel

"En el extravagante mundo de los políticos el nivel del discurso oscila del simplismo a la vulgaridad, seguramente con la intención de extender la audiencia, y alcanza extremos de ligereza y poca responsabilidad.

En unos pocos días registramos muestras increíbles de alusiones de bolero, desbordamientos semánticos, hipérboles y metáforas osadas. Muestras que hacen pensar por momentos que hay una desconexión entre sus intereses y los del público.

El PRD supera en número estos alardes del lenguaje. En la plenaria de senadores efectuada ayer en Acapulco, el coordinador del grupo parlamentario, Carlos Navarrete, acusó al PAN y al PRI de tener una extrana relación de ""pégame, pero no me dejes"", porque Gustavo Madero no respeta el acuerdo logrado con Santiago Creel de que un perredista presida el Senado.

Sobre el mismo tema, el diputado Javier González Garza dice desdenoso: ""Que el PAN se atragante, no nos preocupa"".

Graco Ramírez afirma que ""no andamos buscando papá"", y ""podemos decir sí, aunque otros quieran que sólo digamos no"". Nueva Izquierda se aleja más de Andrés Manuel López Obrador.

René Arce habla sin mesura cuando opina que la lucha contra el crimen organizado puede costar muchas vidas, y ""a lo mejor hasta un Presidente de la República"".

Juan José Rodríguez Prats, panista tropical, califica el proyecto de reforma energética del Frente Amplio Progresista de ""adefesio jurídico del derecho masturbatorio"", algo desusado en los almidonados recintos de su partido.

Finalmente, la presidenta del PRI, Beatriz Paredes, suelta en su Asamblea Nacional efectuada en Aguascalientes una acre censura a ""la autoridad que no está cumpliendo cabalmente con su obligación esencial de cuidar la vida y los bienes de los mexicanos"".

Se refiere al gobierno federal, pero deja a salvo a los estados, gobernados por priístas, donde tampoco ha sido posible ""detener la grave espiral de violencia y muerte que nunca antes se había tenido en nuestro territorio nacional en tiempos de paz"".

En los diversos ámbitos políticos, el discurso político carece de coherencia, hondura y claridad suficientes para fijar los rumbos correctos para salir adelante. Hay razón para que la gente pierda el respeto para quienes se aferran al poder con desesperación.



La seguridad es primero

El impacto de la delincuencia para México es mayor a cualquier otro problema. Erosiona el sistema político y frena la actividad económica, desde las familias hasta las empresas. Urgen resultados inmediatos de los gobernantes que prometieron seguridad, porque sin ella nada más puede desarrollarse.

La gravedad de las consecuencias para las familias es proporcional a su falta de recursos para protegerse de los delincuentes. Es muy costoso prevenir un asalto, enfrentar la pérdida de pertenencias y, posteriormente, sacrificar ahorros o inversiones a futuro para reparar el dano.

El Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (CEESP) afirmó que el gasto familiar en seguridad representa 120 mil millones de pesos al ano, 1.5% del Producto Interno Bruto (PIB).

El clamor social que obligó a los funcionarios públicos a reunirse en Palacio Nacional ha dictado también cuál debe ser su prioridad presupuestal. Al final, qué caso tiene dar apoyos económicos a sectores vulnerables, gastar en subsidios o en deducciones de impuestos si los beneficiarios, en cualquier calle, en su propia casa, pueden ser despojados de todo, hasta de su vida. (El Universal)

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