Por qué no ser optimista

"México se recuperará más rápido de la crisis económica mundial que la mayoría de los demás países, prevé José Ángel Gurría, secretario general de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), y augura incluso un incremento del PIB para el próximo ano. Todos esperamos que acierte el pronóstico, pero la experiencia reciente nos orilla al escepticismo.

Gurría, ex secretario de Hacienda durante la presidencia de Ernesto Zedillo, dijo que el avance se debe a que México se beneficiaría ""de manera inmediata"" de la recuperación estadounidense, que se vaticina más pronta que en el resto de los países avanzados.

La aseveración tiene sentido ya que el vecino del norte compra 90% de las exportaciones nacionales. Además, otras autoridades como el gobernador del Banco de México, Guillermo Ortiz, y el economista en jefe del Banco Mundial para Latinoamérica, Augusto de la Torre, comparten el diagnóstico.

Sin embargo, la OCDE no ha sido el mejor profeta. Todavía a inicios de 2008 la organización fue incapaz de prever la crisis que se avecinaba. El propio Gurría recomendó a México, en enero de ese ano, no tener miedo porque ""el asunto de que si hay recesión o no (en Estados Unidos) francamente me parece académico"".

Luego de este antecedente y de que el gobierno federal se tardó en asimilar la gravedad de la crisis, podría ser más útil para México -en lugar de ofrecerle palmadas en la espalda con alto grado de incertidumbre- el diseno de una estrategia que oriente al país para reducir su dependencia de la economía estadounidense, culpable a su vez de que el rendimiento económico nacional sea el peor de América Latina.

El optimismo siempre conlleva el riesgo de minimizar la necesidad de cambios profundos y México los necesita. Sin ellos el país seguirá pobre y sin empleos sea, cual sea la suerte de las variables macroeconómicas del próximo ano. (El Universal)



"