Por una nueva cultura bancaria

Los banqueros están reunidos en Acapulco celebrando su convención número 70 en medio de un clima de optimismo por los buenos resultados que en general reportan dichas instituciones. Aun así, no todo puede ser fiesta, porque el sistema bancario parece todavía no jugar un papel definitivo en el crecimiento y desarrollo del país.

El líder saliente del gremio, Marcos Martínez, en un informe entregado al presidente Felipe Calderón, y adelantado ayer por El Universal, se compromete a aumentar en casi 10 puntos del Producto Interno Bruto la oferta de créditos al sector privado durante este sexenio y apoyar al campo, a las pequenas y medianas empresas (Pymes) y a la infraestructura. La ruta ofrecida es, en efecto, correcta, ya que no es posible perpetuar un sistema bancario que vive de cobrar comisiones y no de administrar ahorros e invertir en cosas que generen riqueza, prosperidad y empleos al país.

Los números son contundentes. El valor de la cartera de crédito total que otorgan los bancos en México respecto del PIB es de los más bajos en el mundo: sólo 14%, cuando el promedio mundial ronda 25%. Peor aún, la mayor parte de esta oferta crediticia no va a proyectos productivos sino que se concentra en el consumo doméstico, vía 60 millones de tarjetas de crédito y débito, que inundan el mercado.

La forma de compensar tal desequilibrio ha sido cobrar altas comisiones por los servicios bancarios, a tal punto que las filiales en México de bancos extranjeros son las más rentables de cualquier otra en el planeta, por las ganancias que generan a su matriz las comisiones que, a su vez, son más caras conforme el banco es más grande, cuando en un sistema abierto de libre competencia debería ser completamente al revés: a mayor volumen de clientes, menos comisiones. Esto no es sano.

Es momento de que el crédito no nada más fluya al consumo, sino que bane a todos los sectores del país, en especial los senalados en la meta mencionada. No como un acto de altruismo social, sino también para hacer negocio lícito y razonable en donde el país más lo está necesitando porque las empresas que generan más puestos de trabajo en el país son las Pymes.

Hace falta, entonces, más y mejor bancarización, así como su complemento en la sociedad, que viene a ser una mejor cultura del usuario bancario, para que quien solicita un crédito -hipotecario, empresarial o en tarjeta- lo maneje con responsabilidad, echando mano de los instrumentos que ya ofrecen instituciones como el Banco de México, la Comisión Nacional Bancaria y de Valores, así como la Condusef, para calcular los intereses proyectados de préstamos o para simular el comportamiento en el tiempo de tasas de interés y encajes bancarios.

Tampoco son tiempos para tolerar prepotencias por parte de las instituciones o mal servicio. Para eso es la competencia, para que el consumidor no quede a expensas de unos cuantos prestadores de servicios bancarios.

Necesitamos contar, en suma, con consumidores informados, respetados y exigentes que cumplan los contratos que han firmado, pero que aprendan a sacarle el mejor provecho a sus créditos o a los bancos que están para prestar e invertir. Los bancos deben prosperar, pero junto con sus clientes. (El Universal)