"Como senalamos en este espacio, uno de los asuntos más importantes de la agenda política de 2008 es la elección interna del PRD. La afirmación parece una banalidad, pero insisto en que no lo es. El desenvolvimiento de los acontecimientos internos aunados a la estrategia del FAP y las posiciones de Andrés Manuel López Obrador en la coyuntura lo demuestran.
El escenario no podría ser peor para quienes creen que una alternativa de izquierda seria y competente es necesaria en este país de desigualdades extremas, poderes especiales y un statu quo frecuentemente situado por encima del Derecho.
El desaseo, por decirlo elegantemente, de la elección interna, seguido de acuerdos y manejos oscuros y en lo oscurito, aunados al problema de fondo, que es el control del partido por alguna de sus dos facciones principales, han brindado un espectáculo grotesco que confirma que este partido no ha trabajado adecuadamente para construir una organización acorde con los principios de la democracia y la vigencia del derecho, ni ha priorizado el desarrollo del país como meta de su acción.
Los resultados están a la vista y son decepcionantes, más allá del desastre interno. La última encuesta de Demotecnia (http://www.demotecnia.com/Demotecnia.htm) orientada a ver la disposición de los electores en el momento actual muestra algunas cifras contundentes. A la pregunta ""Si usted tuviera que decidir ahorita zpor cuál partido votaría para diputado federal?"". Respuesta: PRI 21%, PAN 25%, PRD 10%. A la pregunta: ""zQué partido le conviene que tenga la mayoría en la Cámara de Diputados, con cuál le iría MEJOR a usted y a su familia?"". Respuesta: PRI 24%, PAN 29%, PRD 13%. A la pregunta ""zY con cuál partido le iría PEOR si tuviera la mayoría en la Cámara de Diputados, cuál no le gustaría que ganara por ningún motivo?"". Respuesta: PRI 23%, PAN 18%, PRD 27%. Más claro ni el agua: la preferencia negativa hacia el PRD ha alcanzado de nuevo un nivel máximo. Si se tradujera hoy en una elección federal, el PRD volvería a su lugar marginal después de haber competido codo a codo con el partido ganador en 2006.
Si observamos este problema desde el punto de vista de los principios y la cultura política que mueven a los dirigentes de ese partido, lo que estamos viendo es un choque, probablemente el choque final, entre los términos ""revolución"" y ""democracia"", con todo lo que se desprende de ello. Debo aclarar que no pienso que se trate de un choque interno entre ambas posturas, una revolucionaria y otra demócrata. Se trata más bien de una definición revolucionaria en el PRD, ya sea marxista o nacionalista revolucionaria, pero con predominio actual de esta última, que siempre han coincidido en que la democracia es solamente un instrumento, un medio para alcanzar otros fines, entre los cuales el más importante es el poder.
Como hemos senalado insistentemente, la distancia ideológica, política y práctica que el PRD mantiene respecto de los términos elementales de construcción de un Estado democrático de derecho moderno, ha sido fatal para su avance en una sociedad. Ésta, más allá del impacto clientelar de los dineros públicos con que la quieren comprar, acepta claramente el marco democrático constitucional y sabe que la condición básica de la contienda política reside en su aceptación. Toda colocación de una estrategia fuera del marco constitucional democrático está desprestigiada socialmente y es concebida como un desafío a las instituciones que pertenecen a todos.
Hoy en día, por más defectuoso que sea el marco democrático mexicano y el edificio de su régimen político, no deja de ser nuestro marco democrático y nuestro régimen político. Así tenga reminiscencias autoritarias inaceptables, la identificación que las generaciones vivas tienen hoy con el sistema político es incomparable con la que tenían hace 20 anos.
En aquel entonces, el predominio priísta hacía imposible que cualquier mexicano que se considerara demócrata aceptase la mentira del PRI de que vivíamos en un Estado democrático. Insisto, esta identificación no significa renuncia alguna a las transformaciones que indudablemente debe tener el Estado mexicano. Pero este reconocimiento implica aceptar el trabajo político dentro y no fuera de las instituciones. Eso es lo que ni Encinas, ni Ortega han sido capaces de explicitar sin ambigüedades, ya no digamos Cota o El Peje, que simplemente actúan a su mejor conveniencia, sin importarles el dano que provocan a las causas progresistas y al desarrollo de una izquierda consistente en México. Pero aparte de las condiciones internas, también hay otras que tienen que ver con el subdesarrollo del sistema político y que inciden sobre la crisis del PRD. La tesis de que una partidocracia ha secuestrado el espacio político y público del país se hace patente una vez más.
El financiamiento público a los partidos sigue siendo una lacra, a pesar de los ajustes que ha tenido. Las cantidades que reciben y la debilidad de los órganos electorales para fiscalizarlos imponen una situación en que los dirigentes pueden hacer casi cualquier cosa sin ser llamados a rendir cuentas.
zPor qué tienen tanta importancia las dirigencias nacionales de los partidos y tan poca las fracciones parlamentarias? Porque no hay reelección legislativa. Cualquier legislador sabe que cuando se aproxime el final de su periodo, tendrá que acudir a la Dirección de su partido en busca de chamba. Por eso los duenos de los partidos mantienen sojuzgados a los legisladores y hasta se atreven a insultarlos, como ocurrió en contra de la diputada y presidenta de la Cámara, Ruth Zavaleta.
En esta ruta, el PRD está comprometido con alentar su destrucción y favorecer las causas de la ""derecha"" que tanto le horrorizan.
[email protected] * Investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM
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