"Celiberia y su hermana Himenia eran maduras senoritas solteras. Un día Celiberia dijo a Himenia quLos senalamientos que hiciera el pasado jueves el papa Benedicto XVI respecto de los problemas que está pasando México, en materia de narcotráfico, pobreza y corrupción que, dijo, ""son motivo de preocupación en algunos ambientes"", incluido su pontificado, encontraron amplio eco en nuestro país.
El secretario de Gobernación, Carlos Abascal Carranza, calificó de positiva la opinión del Santo Padre, al reconocer que falta mucho por hacer en esos temas. Xóchitl Gálvez, encargada de la oficina de la Presidencia de la República para el desarrollo de los pueblos indígenas, pidió respeto al Vaticano ""por sus críticas contra México"", y rechazó que en las comunidades rurales del país existan riesgos de violencia.
Vale recordar que el discurso papal se dio en el contexto de las visitas llamadas Ad Limina Apostolorum (Vamos a los sepulcros de los apóstoles) que realizan los obispos de todo el mundo al Vaticano, como signo de obediencia al Papa y para entregarle cada cinco anos informes de trabajo de la situación que se vive en sus respectivas diócesis.
Desde principios de este mes correspondió a los prelados mexicanos cumplir con este procedimiento eclesiástico y, por lo visto, sus reportes han presentado de manera muy directa lo que está pasando en materia social, política y económica en el país.
Aun así, los planteamientos hechos por el Papa a los obispos fueron inusuales dentro de lo acostumbrado en el protocolo diplomático entre nuestro país y la Santa Sede. Los conceptos vertidos por Ratzinger, no por duros y generados en el exterior, dejan de ser ciertos, por más que nos duela reconocer que los rezagos en dichos temas son lacerantes y requieren del conjunto de la sociedad para ser superados.
Es decir, narcotráfico, pobreza y corrupción los tres ejes del discurso papal, si bien tienen en el gobierno al principal responsable de su control y erradicación, ello no será posible sin el apoyo decidido de la sociedad, las organizaciones civiles y aun las iglesias, particularmente la católica, que es mayoritaria en nuestro país y que todavía juega un papel fundamental en la formación cultural y social de los mexicanos.
En el tono del mensaje pontificio por supuesto que se advierte un estilo diferente de abordar los problemas por parte de Benedicto XVI, distinto al de Juan Pablo II, con quien el pueblo de México mantuvo una relación más fincada en valores espirituales, que si bien no son ajenos al nuevo Papa, se ven ahora enriquecidos con aspectos sociales.
Esto puede ser útil para que la Iglesia mexicana adquiera un grado de compromiso social que, alejada del intervencionismo político-electoral al que constitucionalmente se encuentra impedida, pueda ayudar como ariete en la transformación de valores dentro de la sociedad, que condenen y conjuren, de manera fehaciente, todos aquellos fenómenos negativos que, al igual que al Pontífice, preocupan a los mexicanos.
En ese sentido, los obispos tendrían que convertirse en factores dinámicos de un cambio social y no sólo en pasivos observadores de la realidad. De esa manera habría un avance útil, no sólo en materia de relaciones Iglesia-Estado, sino que gobierno y sociedad civil tendrían un invaluable aliado en la lucha contra los bien identificados flagelos que afectan al país.
Es oportuno que haya un avance en esa dirección y es deseable que las preocupaciones de Benedicto XVI permeen, antes que nada, en la propia jerarquía y grey católica, que, insistimos, con pleno respeto del marco constitucional, puedan sumarse, desde su propia trinchera y con sus propios medios, al combate de todo aquello que está descomponiendo la paz social en México, como el narcotráfico, la corrupción y la pobreza lacerante. (El Universal).
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