Presenta Unach altares por el Día de Muertos

Una gran convivencia se vivió en los espacios de la Unach. Menores de la estancia infantil pudieron disfrutar de la celebración. José Ortega / CP
Una gran convivencia se vivió en los espacios de la Unach. Menores de la estancia infantil pudieron disfrutar de la celebración. José Ortega / CP

Una gran celebración se vivió para festejar el Día de Muertos en la Universidad Autónoma de Chiapas (Unach), con la presentación de altares y la tradicional de pedida de “calabacita, tía”.

Con altares tradicionales y coloridos, las diferentes áreas de la universidad recordaron a sus compañeros, familiares o personajes destacados de la universidad, como el gran benefactor Carlos Maciel.

Sobre estas actividades, la encargada de estancias infantiles de la Unach de Tuxtla Gutiérrez, Fanny Rubio Mendoza, explicó que esta es una fiesta universitaria, pues lo importante es que todas las áreas se unan para preservar las tradiciones.

Del mismo modo, dijo que se presentaron 16 altares y que a través de estas dinámicas de convivencia se promueve la unidad, además de ser una oportunidad de salir de la rutina laboral.

En este contexto, comentó que los menores que integran la estancia infantil pudieron realizar la actividad de solicitar la tradicional “calabacita, tía”.

Rescate de la cultura

Dijo que es importante realizar estas actividades porque con ello se rescata la identidad cultural, además de incentivar la historia tan prolífica en cultura que tiene nuestro estado, y que como universidad deben seguir reservando estas tradiciones.

Como toda institución, indicó, también se cuenta con leyendas propias, tradicionales, urbanas, esto relacionado a los muchos años con que cuenta la universidad, por lo que entre los integrantes de la comunidad universitaria también hay algunas leyendas, las cuales se compartieron durante esta celebración.

Los universitarios compartieron leyendas de viva voz, pero la más común que comparten es sobre la existencia de una niña que ronda por los miradores de la colina universitaria.

Otra de las leyendas que comentaban algunos de los estudiantes de la Facultad de Humanidades, es que por las tardes algunos de ellos escucharon ruidos poco comunes, como que las sillas de los salones se arrastraban sin una explicación lógica.