Presentaron el libro Amores de otros

Amores de otros es el título del libro de Julio César López Arévalo, que fue presentado el pasado fin de semana en los espacios de la Galería La Resistencia, ubicado en el barrio de La Merced de San Cristóbal de Las Casas.

Al acto asistieron amigos e invitados del autor del libro, en tanto que los comentarios estuvieron a cargo de Héctor Cortés Mandujano, quien señaló que “hay cuatro vertientes claras en la escritura de los trece relatos que conforman Amores de otros (Editorial Grupo Azul, 2020) de Julio César López”.

La primera es la oralidad, la búsqueda de que los textos puedan sentirse como una charla, como una plática entre amigos, y la segunda es el periodismo, la aplicación de un método periodístico –que Julio conoce bien, no en vano fue reportero durante muchos años–, que consiste en el retrato del personaje, la descripción del contexto y la puntualización de hechos, fechas, circunstancias.

“Sin embargo, es evidente que hay muchos momentos en que los relatos dejan la cadena de fuerza del periodismo y la frescura de la oralidad, y saltan, brincan, juegan a ser literatura; es, decir invención, redondez en la formulación de la frase, en el encuentro afortunado de la palabra exacta”, precisó.

Otra característica de estos relatos, dijo es que la mayoría tiene su génesis y desarrollo en un lugar muy caro al corazón del autor: Yajalón.

“Pero el poblado, aunque muy querido, es retratado con visos de crítica acerba. Dice, por ejemplo, en La odisea de María Copetona, sobre el pueblo (p. 41): Yajalón, ese pueblito chiapaneco sumido en un hoyo; rodeado de verdes montañas y lleno de gente buena, cuyo peor defecto, o el más notable, es poner apodos a todos sus habitantes –absolutamente nadie se escapa– y, a quienes se dejan, intenta además volverlos locos”.

Además de María Copetona, una viejecita a quien hacen creer que está enamorado de ella un piloto joven, el pueblo hace perder la cordura a un muchacho indígena, como nos cuenta Julio en “Ismael Cruz, el príncipe de la canción” (p. 55): “Fue en esa misma cafetería donde mis primas –casi todos en el pueblo éramos familia– comenzaron a vender besos al José José indígena, olvidando su racismo ancestral que invariablemente les llevaba a llamar ‘pinches indios’ a los originarios de estas tierras”.