Presupuesto para creer

"El autodenominado ""hijo desobediente"" decidió desobedecerse a sí mismo. Por tres anos el presidente Felipe Calderón insistió una y otra vez en que el Poder Ejecutivo debía fijarse pocas prioridades para dedicar a ellas todo su tiempo y energía. Creía en la construcción paulatina de un mejor país a través del ""posibilismo"", es decir, de la toma de decisiones posibles según el equilibrio de fuerzas entre aliados, adversarios y enemigos. Tal fue la apuesta en la primera mitad de su sexenio.

Sin embargo, Calderón criticó su propia gestión en el discurso con motivo de su tercer Informe de Gobierno: ""Lo que propongo es pasar de la lógica de los cambios posibles, limitados siempre por los cálculos políticos de los actores, a la lógica de los cambios de fondo que nos permitan romper las inercias y construir en verdad nuestro futuro"". Parece que el Presidente se puso a escuchar lo que la sociedad le reclamaba en los últimos meses, una transformación profunda.

Es cierto. Ya no es posible mantener el rumbo del país con sólo dos faros en el horizonte: la lucha contra la criminalidad y la recuperación económica. El conjunto de temas que nos afectan, desde la pobreza y el empleo hasta la debilidad de las instituciones, debe ser atendido y resuelto de inmediato so pena de condenar al fracaso el futuro de los mexicanos.

Sin duda, la segunda parte del discurso de ayer del presidente Calderón tiene mucho de valioso. Falta ahora que a sus dichos correspondan acciones. Si el próximo 8 de septiembre la Secretaría de Hacienda no presenta una propuesta de presupuesto 2010 coincidente con el cambio de rumbo propuesto, la credibilidad en el Presidente caerá en un punto sin retorno.

Esa será la prueba de fuego, la que determinará si el gobierno federal merece de sus gobernados una nueva esperanza. El Universal

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