La discriminación limita la búsqueda de la atención médica y subestima el impacto en la salud mental, ya que puede derivar en depresión, abuso de sustancias y adicciones, desproporcionadamente más alto en personas lesbianas, gays, bisexuales y trans (LGBT).
Lo anterior lo comentó el coordinador estatal del Programa VIH-SIDA de la Secretaría de Salud, Alejandro Rivera Marroquín, durante el foro virtual denominado: Nuestra salud, nuestro derecho, nuestro orgullo LGBT+, dentro de la Jornada por los Derechos de la Población LGBT.
Mencionó que de acuerdo a estudios realizados a nivel nacional, uno de cada cinco jóvenes LGBT podría experimentar ideas suicidas o intento, ya que enfrentan situaciones negativas desde muy pequeños.
Indicó que la diferencia de la salud mental entre adolescentes heterosexuales y población de las minorías sexuales, están presenten en la adolescencia temprana y aumentan durante los años escolares, persistiendo hasta la edad adulta.
Según un estudio, a la edad de 10 años los síntomas depresivos fueron más altos en población de minorías sexuales que en adolescentes heterosexuales, y aumentaron con la edad, en mayor medida entre los primeros que en los últimos.
Por otro lado, a la edad de 21 años la población de minorías sexuales era cinco veces más propensa a reportar autolesiones de por vida con intención suicida que jóvenes heterosexuales.
Indicó que constitución de la Organización Mundial de la Salud (OMS) bajo principios basados en la igualdad, fue un gran avance para la humanidad, estableciendo que la salud es uno de los derechos fundamentales de todo ser humano sin discriminación, mismo que los gobiernos tienen la responsabilidad de garantizar.
En ese tenor, recordó que en 1990 la OMS eliminó la homosexualidad de la clasificación internacional de enfermedades y otros problemas de salud; mientras que en 2019 eliminó la identidad transgénero de la clasificación de desórdenes mentales.
Ambos hechos llevaron a todo un proceso para impulsar legislaciones, presupuestos, políticas que permitieran cumplir con el derecho a la salud e igualdad de derechos en todos los países miembros. Se permitió poder identificar brechas y áreas de oportunidad para adoptar políticas públicas y generar cambios.
Rivera Marroquín destacó que son más de 50 años de lucha por la igualdad y reconocimiento de derechos de la población LGBT, desde el 28 de junio de 1969 con los disturbios de Stonewall, lo que dio pie al día del orgullo gay, celebrado cada año en esa misma fecha.
Refirió que este movimiento ha estado en unidad con otros frentes a la discriminación, negación de los derechos civiles e inequidad en salud. En la década de 1970 con las redes de servicios de salud sexual, 1980 con la epidemia del Sida y la acción política, en 1990 con el inicio de reconocimiento de derechos y protecciones civiles LGBT, en el 2000 con el establecimiento del tratamiento antirretroviral altamente efectivo y otros hechos importantes.
Apuntó que en el tema de salud que le atañe, la prevalencia de VIH entre mujeres transgénero que ejercen el trabajo sexual y población general adulta en Latinoamérica 2013, en México fue de 16 y 0.2, respectivamente.
Desafortunadamente, entre la población trans y la disidencia sexual en general, el VIH genera estigma, hostigamiento y abusos. Comportamiento de riesgo marcado por la pobreza debido a la pobre cobertura, acceso y uso de los servicios de salud en muchos países.
Habló también sobre el estatus de la salud y riesgos a la salud en mujeres lesbianas, bajo el contexto de la sociedad, en el sistema y los servicios de salud, enfrentando barreras estructurales al acceso a los servicios de salud, barreras personales y culturales, y barreras financieras en los servicios de salud públicos.












