El acoso colectivo en el trabajo es un fenómeno prevalente y con gran incidencia en muchos espacios laborales, cuya acción es tratar de destruir emocionalmente a una persona de manera intencional, física o simbólicamente”, afirmó Florencia Peña Saint Martin, investigadora del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).
Lo anterior durante su participación en el seminario «Acoso laboral y supresión: las huellas de sus relaciones», realizado en días recientes en los espacios de la Unidad San Cristóbal, informó el área de difusión.
La investigadora mencionó que el mobbing, como denominó el investigador Heinz Leymann a este tipo de acciones en los años 80, ha subsistido en los centros de trabajo bajo distintos nombres y denominaciones.
El mobbing sucede con mayor frecuencia en las entidades laborales con trabajadores definitivos, en las cuales se da una lucha por el control informal, que promueve acciones en contra de uno o más trabajadores que son percibidos como una amenaza para el estatus quo de la organización, pues pone en riesgo el control y los beneficios de los acosadores.
“Estas acciones se traducen en actos recurrentes, sistemáticos y prolongados que buscan de forma explícita, destruir a la persona, agrediendo su autoestima y desvalorizándolo sistemáticamente y con total crueldad, con el fin de que renuncie a su puesto de trabajo”, describió la especialista.
Señaló que la principal arma del mobbing es la comunicación verbal y no verbal; se habla mal de la persona, se descalifica su trabajo y existe un trato hostil y deshonesto.
“La lista de acciones en contra de la víctima es muy amplia, puede ir desde insinuaciones malévolas, descalificaciones de su trabajo, condenarla a la inactividad, asignarle cargas mayores manteniéndola bajo una constante presión, magnificar sus errores, descalificar sus logros y degradarla de múltiples maneras”, mencionó.
El acoso laboral parece intensificarse en las condiciones que privan hoy en el empleo formal y se vincula a la distribución de poder, el ritmo y la intensidad del trabajo, la productividad en los centros laborales y la competencia entre los empleados.
En México, el mobbing aún no es un tema del cual se hayan ocupado las organizaciones, instancias legales, ni organismos defensores de derechos humanos, como tampoco los sindicatos; ni se han planteado medidas de prevención y castigo para quienes lo ejerzan, quizás porque son muchas las barreras a superar, principalmente, el reconocimiento del fenómeno como un problema de gran magnitud, mencionó la investigadora.












