Estigmas sociales, deshumanización de los pacientes y discriminación prevalecen dentro de la sociedad chiapaneca en el trato que se les da a las personas con VIH/sida. De acuerdo con el psicólogo del Centro Ambulatorio para la Prevención y Atención en Sida e Infecciones de Transmisión Sexual (Capasits), Gilberto Favio Ocaña Espinosa, el papel de la consejería es fundamental para educar a la población, así como una base de apoyo para las personas con este padecimiento.
Para el especialista de la Jurisdicción Sanitaria núm. 1, este tema cobra relevancia al tratarse de uno de los estados que tiene los índices más altos de contagio a nivel nacional, e incluso de Centroamérica.
De acuerdo con la tipología de Onusida, México tiene una epidemia concentrada, la cual afecta principalmente a los siguientes poblaciones clave: hombres que tienen sexo con otros hombres, usuarios de drogas inyectadas, trabajadoras y trabajadores sexuales, así como personas transgénero, transexuales y travestis.
Sin embargo, Ocaña Espinosa cuestionó los resultados del segundo Onusida al plantear que “no tengo mucha idea de por qué estamos como el sexto estado en cantidad de infectados, y no consiento del porqué hace tres años éramos el número cinco; no sé cómo bajamos esto si no hemos hecho mucho para atender esta situación”.
Situación local
Agregó que desde el 2016, Chiapas es el número uno en detección de nuevos casos, posee el municipio con mayor casos de muertes por sida y el municipio que encabeza la mayor tasa de población con VIH.
También dijo que se posee la tasa de población con el mayor número de mutaciones del virus; “el porcentaje de Chiapas es tan alto, que solo se compara con Centroamérica, y si se observa el panorama a nivel mundial, vamos a encontrar que el caso de Chiapas es uno de los peores en el continente”.
Reforzar consejerías
Ante estas dimensiones, destacó que es vital el educar a la sociedad e incidir en órganos de salud sobre cómo hablar de VIH/sida, ya que la intención es modificar los estigmas y actos de discriminación.
Para el especialista del Instituto de Salud la clave es el manejo de la información y el papel de los consejeros, agregando que al hablar de VIH siempre hay dos perspectivas: una educativa y otra clínica basada en los riesgos, “siento que más que informar y trabajar con miedo, lo importante es saber dónde estamos parados como médicos”, dijo.
“La consejería es una metodología de prevención y apoyo para el VIH/sida, es considerada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como una relación confidencial y de aceptación, en la que un consejero utiliza sus conocimientos y competencias para ayudar a los usuarios a enfrentar situaciones que abordarían menos o inadecuadamente sin ayuda”, apuntó.
Si bien destacó que para ser un consejero no hay una especialidad como tal, se le denomina con ese término a las personas que están dedicadas en forma específica a la educación, prevención y cambios de hábitos en la sociedad.
Puntualizó que con un papel pilar en la población, la intención educativa es eliminar poco a poco “nuestras prácticas segregadoras y empezar con un buen camino. En mi caso, recuerdo hace muchos años cuando trabajaba como consejero y me hablaban para ver a un paciente con VIH en el hospital, y me llamaba la atención encontrar etiquetas que deshumanizaban a la persona en cuestión”.
Agregó que un buen manejo de la información forja la sensibilidad como una herramienta, lo cual favorece la prevención y también encamina a la detección de esta y otras enfermedades de transmisión sexual.
Consejeros en VIH
El especialista destacó que quienes se dedican a la consejería deben tener la disposición de herramientas cognitivas y habilidades para atender a las personas; también conocimientos sobre VIH/sida, técnicas de consejería y acerca de la subjetividad humana.
“Siempre pensamos en VIH y sida como si fueran lo mismo, pero el primero es la adquisición del virus y el segundo es el avance que trae la destrucción de las células de defensa, lo cual lleva a un déficit inmunitario y con esto la aparición de enfermedades graves”.
Argumentó que conocer la enfermedad también permite entender cómo funciona y evoluciona, ayudando a saber las formas de tratar a una persona, tanto en la parte subjetiva como objetiva.
También destacó que es algo indispensable la comprensión de las distintas formas de transmisión: sanguínea, de madre a hijo y sexual, así como las normatividades y leyes para actuar correctamente.
Sobre el trabajo de consejerías con personas infectadas, refirió que estas giran sobre los siguientes ejes: crear un ambiente propicio basado en la confidencialidad, lugar de expresión y contención, así como evaluar las prácticas de riesgo con información objetiva y útil.
Por lo consiguiente, se trata de dotar de información básica sobre la historia de la infección, hacer ver la importancia de los tratamientos antirretrovirales, informar sobre las formas de transmisión y prevención, además de la labor de esclarecer mitos y realidades.
Agrega también una valoración de las herramientas cognitivas y psicológicas del sujeto, ya que “esta sesión de prueba puede ofrecer una oportunidad de conocer cómo suele responder el usuario frente a las situaciones de crisis o de conflicto”.
Por último, destacó la importancia de generar una cultura de chequeos continuos, sobre todo si se está en los tres grupos de la población clave. Y no dudar en acudir con un especialista de la salud mental si se posee esta enfermedad.












