La escuela es el lugar donde los niños y adolescentes pasan más de un tercio de su día. Se ha comprobado, mediante encuestas, que el mayor número de personas que consumen drogas se encuentra en el grupo de los que no asisten a la escuela, por lo que ésta, a pesar de que la accesibilidad a las drogas es inevitable, puede resultar un buen factor de contención y protección.
Si bien, no se puede responsabilizar por completo al colegio por el desarrollo de los alumnos, las instituciones educativas sí forman parte esencial, y de existir una buena comunicación e implementación de tareas en conjunto con los padres, los adolescentes serían los principales beneficiados.
Estos factores protectores se explican como el entendimiento profundo de conceptos o actividades que eventualmente se convierten en un estilo de vida.
Uno de ellos puede ser la comunicación dentro de la familia así como las buenas dinámicas o la promoción de estilos de vida saludables dentro de las escuelas. En este sentido, los maestros juegan un papel fundamental, ya que los alumnos muchas veces los perciben como modelos a seguir o figuras relevantes en las que pueden confiar cosas que quizá con sus mismos padres no lo hagan.
En hogares donde hay violencia, consumo o adicción por parte de los padres, muchas veces los maestros son el único medio de contención para que los chavos no caigan en los mismos vicios y, a su vez, si los maestros o las autoridades de la escuela están debidamente informados, podrían detectar cuando ya se ha iniciado el consumo de fármacos en algunos de los alumnos y prevenir así que se esparza en los demás.
Un factor muy importante para prevenir adicciones es la información oportuna y adecuada. El hecho de que los jóvenes reciban información sobre lo que son las drogas, las causas que llevan al consumo y, lo más importante, las consecuencias de consumirlas, también los protege en el momento de tomar la decisión sobre hacerlo o no.
Por supuesto que las escuelas son las indicadas para difundir esta información mediante pláticas, talleres y dinámicas a través de las cuales se promuevan estilos de vida saludables y fomenten la buena autoestima, la responsabilidad y la congruencia en los jóvenes. Lo que no es recomendable es que las escuelas impartan pláticas con personas adictas en recuperación, ya que esto genera resistencia en los jóvenes, porque no alcanzan a percibir las consecuencias graves de la adicción, y lo que ellos captan es que se puede entrar en el mundo de las drogas y salir y vivir para contarlo.
En cambio, si las conferencias son impartidas por especialistas y se incluyen también a los padres de familia, el resultado es que todos tengan la misma información; así, los padres también aprenderán cómo manejar la situación en su casa, tanto para prevenir como para detectar, en caso de que se dé alguna situación de consumo.
La escuela es un móvil importante en estas tareas; sin embargo, cuando involucra también a los padres de familia y fomenta los vínculos sanos como comunidad, los resultados son mucho más efectivos.
Otro factor que puede proteger a los jóvenes dentro de la escuela, es el establecimiento de límites claro y asertivos, los cuales deben ser considerados para toda la comunidad escolar, incluyendo a los maestros; de tal suerte que en las acciones se perciba una congruencia generalizada lo que los jóvenes percibirán como guía de acción.
Muchas veces, tanto los padres como los maestros, pretenden establecer reglas sin cumplirlas ellos mismos, es decir, dicen una cosa y hacen otra distinta, esto es percibido por los jóvenes y, en consecuencia, a la hora de querer llamar la atención ellos responden con rebeldía. La realidad es que para ser guías es fundamental actuar con congruencia, para que se perciba un solo mensaje.











