La falta de acuerdo dentro del Partido Revolucionario Institucional, respecto de cómo tiene que ser el relevo de su actual dirigente nacional Roberto Madrazo aspirante a la candidatura a la Presidencia de la República por dicho instituto político y el papel que ha de jugar en el mismo la secretaria general Elba Esther Gordillo, revela que la falta de unidad en el interior de los partidos políticos mexicanos no puede ser un asunto exclusivo de las burocracias que los encabezan.
Si bien el ejercicio de la democracia hasta sus últimas consecuencias implica el disenso de los individuos y la permanente discusión de sus diferencias, éstas deben ser superadas por la vía del quehacer político, que se expresa, en parte, en la negociación y los consensos.
Sin embargo, el tono irreductible de las posiciones al que se ha llegado en el PRI y el perfil tan personalista de los bandos, exhibe una forma de autoritarismo y la ausencia de una base militante que se exprese y guíe las decisiones del partido, en función de estatutos y declaración de principios claros e inobjetables. Cuando las dirigencias suplantan a sus bases en la discusión de los asuntos más trascendentes de la vida del partido, entonces la democracia resulta lastimada.
La antidemocracia, que de muchas formas y con variados matices se ha dejado ver en algunos procesos internos de los partidos políticos nacionales pues no es exclusiva del PRI, afecta a la democracia en su conjunto, al sistema de partidos y, por consecuencia, a todo el sistema político.
Los partidos son instituciones de interés público, que dicen mantener una ancha base social aglutinada en torno de un proyecto de nación determinado. Por eso estas organizaciones políticas no pueden ser secuestradas de sus bases o de la sociedad en favor de dos o tres de sus dirigentes. La población no puede ser rehén de intereses particulares en la vida de los partidos y recuérdese que éstos viven con recursos de todos nosotros y por lo tanto tienen que responder a esta condición.
Es tiempo de hacer un enérgico llamado a todos los partidos políticos para que revisen sus procedimientos y no afecten la vida democrática nacional. Resulta un fastidio para todos, el que grupos o individuos exhiban poco interés negociador cuando debieran ser los mejores artífices de acuerdos y soluciones.
El penoso espectáculo de las divisiones dentro de éstos institutos políticos sólo desalienta a la ciudadanía, que recela de quienes le ofrecen encabezar un cambio social, político y económico, cuando no son capaces de tender puentes de unidad entre sus propios correligionarios. El desencanto resultante puede ser motivo, incluso, de un alto abstencionismo en las urnas.
México requiere partidos vivos y actuantes, pero sólidos y congruentes con sus respectivos idearios. Actuar así fortalecerá la democracia. Toda contienda política es pasional y encendida, pero no confundamos esto con división y ruptura.
En el caso del PRI, como en el de los demás partidos políticos que actualmente viven procesos de discusión y debate aparentemente irresolubles, deben ser las bases militantes y los procedimientos democráticos los que allanen el camino a las diferencias; no así los acuerdos cupulares y las componendas a trasmano.
Los comicios federales del próximo ano serán excepcionales y por ello se requieren partidos que lleguen fuertes y unidos a la campana electoral. No podemos generar vicios de origen al proceso, porque eso acarreará candidatos carentes de legitimidad, los que, luego, no podrán representar democráticamente a la ciudadanía, en caso de que el voto mayoritario los favorezca. (El Universal)











