El presidente Felipe Calderón Hinojosa anunció un plan para estimular el crecimiento económico y el empleo con el fin de amortiguar los efectos indeseables de la crisis financiera mundial. Hace falta actuar en vez de sólo resistir y por fin las declaraciones del gobierno van en ese sentido.
El anuncio del programa siguió a la terapia intensiva aplicada al peso por el gobernador del Banco de México, Guillermo Ortiz, y por el secretario de Hacienda, Agustín Carstens, que subastaron 2 mil 500 millones de dólares para revertir la caída de la moneda mexicana de 14 a 12.25 pesos, tan sólo un par de meses después de que se había revalorado hasta casi 10 pesos por dólar.
El presidente Calderón pedirá al Congreso modificaciones al Presupuesto de Egresos del ano próximo para ampliar el gasto en infraestructura con reglas que permitan un ejercicio más rápido. Quedan pendientes importantes: la rendición de cuentas de los recursos entregados a los gobiernos estatales y la urgente austeridad de todos los actores que componen la administración pública.
En un gesto que parecería solidario, diputados del PRI, PAN y Convergencia coincidieron con recortar el presupuesto al Poder Legislativo, ejemplo de opacidad. Desilusiona por tanto que quieran mantener intocado su salario y préstamos. Lo mismo es aplicable a todos los poderes de la Unión.
Hay muchos factores de vulnerabilidad. Hoy descendió México ocho puntos en competitividad. Por eso es de reconocerse que se ponga en marcha un programa extraordinario de apoyo a las pequenas y medianas empresas y un proceso de desregulación y desgravación arancelaria.
La crisis que hoy enfrenta el país, indudablemente producto de factores externos, ofrece sin embargo oportunidades que en alguna forma fueron abordadas por el mensaje presidencial. En especial, la construcción de infraestructura con su consecuente creación de empleos.
La preocupación actual es que el costo de los problemas ocasionados por la falta de crédito, la baja de las exportaciones y la inflación repercutan en el bolsillo de los mexicanos. Queda pendiente la austeridad gubernamental y garantías para mantener el dinero público lejos de intereses individuales, pero la propuesta es un buen primer paso. (El Universal)











