Abrumadoramente, 462 de 470 diputados votaron por una reforma constitucional que de último minuto descartó que la policía ingrese a domicilios sin orden del juez.
En una sociedad que suele ser atropellada por una policía abusiva, y que padece un sistema judicial con graves deficiencias, la medida supo responder a la honda preocupación manifestada públicamente por el proyecto de reforma.
Sin duda que es necesario modernizar nuestros procedimientos judiciales, con los juicios orales, por ejemplo, que comenzarán a hacer transparentes procesos que ahora se dan con crecientes legajos de papeles fuera del escrutinio público, y dando validez a grabaciones telefónicas cuando en ellas participe una de las partes.
Pero ni las terribles dimensiones que ha alcanzado la delincuencia organizada justifican que, para combatirla, se vulneren las garantías individuales de sustento constitucional.
El remedio puede ser así más danino que el mal que se pretende curar.
En Estados Unidos, país que de muchas maneras nos ha servido de buen ejemplo, el combate contra el irracional ataque terrorista del 11 de septiembre de 2001 condujo a la aprobación de legislaciones excesivas que cancelaron algunos de los derechos individuales de los estadounidenses. Pasada la apresurada respuesta a la agresión, se sopesa con ánimo reposado las consecuencias de recursos pensados para tiempos de emergencia cuando la vida pacífica retorna inevitablemente.
La policía podrá ingresar a los domicilios cuando demuestre ante un juez que hay razones justificadas para hacerlo, en bien de la tranquilidad general, no de otro modo. Más importante que perseguir a un presunto delincuente es respetar los derechos fundamentales de un ciudadano libre de toda sospecha.
Vivimos una trascendente sucesión de reformas que juntas dan cuerpo a la gran reforma política planteada desde hace 30 anos.
Hemos tenido cambios en los regímenes electoral, de medios de comunicación, fiscal y judicial, y seguirán en los campos de la energía y el trabajo, la educación y la economía.
Las reformas avanzan al ritmo de los acuerdos entre las fuerzas políticas. No esperemos más. (El Universal)











