Desde hace poco más de un año, los vendedores de productos básicos alimenticios han notado una triste realidad, las amas de casa compran cada vez menos, pues el dinero no rinde y con ello las ventas ha caído drásticamente.
Y es que de acuerdo con los vendedores de abarrotes, semillas, así como otros productos con una gran demanda entre la población, como la soya y enlatados, han subido de precio semana a semana sin parar desde el pasado mes de noviembre.
Esta crisis generalizada afecta a todo el país, por ello se anunció la implementación del “Plan para Contener la Inflación”, el cual no es un control de precios, es decir, se establecerán precios de garantía a 24 productos de la canasta básica.
Este beneficio se aplicará principalmente a los productos como el maíz, frijol, trigo, arroz y la leche.
De acuerdo con los reportes oficiales, en este 2022 la inflación en México alcanzó un 7.72 %, en la primera quincena del mes de abril.
A nivel nacional, los precios de los productos agropecuarios aumentaron 0.65 %, resaltando el precio del jitomate, el chile serrano y el aguacate, los cuales se comercializaron en 16.65, 15.16 y 4.73 % más caros, respectivamente.
Los energéticos y las tarifas autorizadas por el gobierno bajaron 1.70 % a tasa quincenal, lo que se debió principalmente a los ajustes en las tarifas eléctricas dentro del esquema de temporada cálida en 18 ciudades del país.
En un recorrido por el mercado “Juan Sabines”, en el centro de Tuxtla, los comerciantes dan a conocer que las ventas, tanto de carnes, mariscos, quesos y otros productos, no se recuperan.
La razón es sencilla, todos los productos sin excepción alguna han subido, desde las carnes hasta las semillas y chiles secos.
“La población ya no compra para tener de reserva en casa, ahora únicamente compra lo que se va a utilizar en la preparación de la comida; nos preguntan si podemos venderle una, dos o tres piezas de chiles, por ejemplo”, dio a conocer José Luis Nampulá Toalá, locatario de este lugar desde hace 25 años.
Gilberto Ruiz Cáceres, director de Fomento Económico de la Secretaría de Economía municipal de Tuxtla Gutiérrez, consideró que la medida impulsada por el presidente de la República resulta interesante y positiva para la economía familiar.
“Este programa busca generar un acuerdo para frenar la inflación; sin duda es un acierto del Gobierno Federal, donde se muestra también la disposición del sector productivo. Esta alianza, sin duda, va a generar beneficios a la sociedad en general”, sostuvo.
El economista agregó que ello se trata de que de una manera pactada se contengan los precios pero sin poner topes de precios, ya que sin exceder ciertos límites se frena la inflación, y al frenarla se evita la pérdida del poder adquisitivo de las familias, lo cual es altamente conveniente.
Se le tiene que buscar
Para la señora Paola Gómez ha sido difícil adaptarse a la actual situación, pues asegura que el gasto semanal ya no alcanza.
Para su pequeña familia de tres integrantes, hasta el año 2020, el gasto de la comida familiar semanal era de 600 pesos. Esta cifra ajustaba para comprar carne de res, pollo, pescado, verduras y algunas frutas, aparte se suma el costo de la tortilla por día y dos garrafones de agua semanal.
Desde finales del 2021, las familias han tenido que sumar otros 300 pesos al gasto semanal, sin embargo, ya no alcanza para comprar más alimentos, pues todos los productos han subido de precio.
“A mí me daba pena comprar en las calles con los ambulantes, pero ahora busco, por ejemplo, las medidas de tomate, cebolla, limones, que son de diez pesos, la realidad es que está mucho más barato que en los locales del mercado, y como a las cinco de la tarde, cuando ya se están levantando los vendedores de las banquetas, lo dan más barato. La verdad, por la comida se le tiene que buscar para que alcance”, expresó.
De acuerdo con la ama de casa, lo mismo ocurre con la despensa mensual, donde hasta el 2020, con 900 pesos compraban los básicos, como aceite, jabón, cloro, sopa, jamón, entre otros.
Ahora comparte que con mil 600 pesos apenas alcanza para comprar lo mismo, aunado a que los precios de estos productos son variables, incrementado cada mes; y en el caso del aceite, asegura, fue el que más subió, pasando de 24 a 47 pesos por litro.
Este panorama se repite en la economía familiar de todo el país, donde los salarios alcanzan para comprar cada vez menos productos de primera necesidad, situación que también afecta a los vendedores que no ven una recuperación en sus ventas desde los últimos dos años.












