"Francisco Valdés Ugalde * El Universal. La democracia política reclama de la nación integrarse en lo político por la aceptación y el seguimiento de las normas jurídicas legítimamente emitidas por la Legislatura, sea para la permanencia o el cambio de estructuras.
Los manifestantes del jueves, como muchos otros acostumbrados a los usos del autoritarismo y la cultura antidemócrata, prefieren la defensa de privilegios y subterfugios, así conduzcan al solapamiento de la corrupción propia o ajena.
Con todas las observaciones que puedan hacerse al decreto de extinción de la ex companía de Luz y Fuerza del Centro, nada justifica considerarlo ilegal o ilegítimo. Lo primero, si acaso, tendrán que decidirlo los tribunales competentes, pero lo segundo no tiene sustento alguno. El Presidente de la República ejerció la facultad de decreto que le dan la Constitución y las leyes para resolver un problema público a favor del público. Realizó un acto progresista a favor de la modernización. Queda aún por saber el destino que tendrán esta porción de la producción y distribución de energía y los proyectos de modernización del conjunto del sector.
El SME y quienes lo apoyan, en cambio, han iniciado el proceso de chantaje corporativo al que están acostumbrados los de arriba y los de abajo en esta sociedad de estamentos privilegiados y destituidos.
zDónde quedó la izquierda progresista? Hace 40 anos el Sindicato Mexicano de electricistas, con Rafael Galván al frente, fue uno de los pilares de la defensa del sindicalismo libre y progresista de México bajo el autoritarismo político. En ese entonces, el sindicato tenía un proyecto de política energética que abarcaba no solamente la producción por medios tradicionales, sino por fuentes alternativas. En fin, el sindicato tenía una política clara y distinta, diferente a la gubernamental, y se proponía no solamente ser parte contratante laboral en la companía de Luz y Fuerza del Centro, sino una fuerza capaz de dar voz a los intereses de los trabajadores más allá del estrecho horizonte de sus salarios y condiciones de trabajo; una voz en la política nacional.
El sindicato falló; traicionó sus orígenes y sus mejores causas. No fue capaz de resistir la cooptación y la domesticación. Se convirtió en una fuerza sólo para los intereses de sus agremiados y encontró en el intercambio de prebendas con el gobierno un nicho que lo hizo odioso a la población (a la ""nación"") que decía servir.
Un ejemplo más de cómo la distinción entre ""derecha"" e ""izquierda"" no es equivalente a la diferencia entre ""progresismo"" y ""reacción"". En el caso, el Gobierno Federal ha procedido en sentido de progreso para el país y el sindicato ""reacciona"" defendiendo intereses y privilegios indefendibles.
La marcha del jueves pasado congregó a mucha gente y envió una senal de fuerza opositora a la medida. Construir esa fuerza es el objetivo sindical; revertir la medida su intención final. Ni en el sindicato ni en quienes lo apoyan hay preocupación por incorporar el interés más amplio de la sociedad. El suyo es, dicen, el interés de todos y punto, no hay nada más que hablar.
Qué bueno que habrá diálogo con las autoridades, es una buena ocasión para ventilar las razones que asisten a la sociedad y que en este caso representa el gobierno. Pero no es admisible que la decisión se revierta y el sindicato recupere sus privilegios, o que el gobierno admita explícita o tácitamente que el erario debe cargar con la ineficiencia y el retraso económico, científico-técnico y social que el viejo estilo gerencial de empresa pública representa.
No solamente estamos presenciando un evento en el que se contraponen dos visiones de la sociedad, la economía y el Estado, sino que puede verse en los hechos el fracaso histórico de un sindicalismo y de una política de izquierda que no supo honrar su vocación democrática ni ofrecer alternativas viables para un mejor desempeno del sector público.
Bajo la estridencia de los gritos que reaccionan ante la medida gubernamental se esconde el sobreentendido de que el gobierno no es resultado de una decisión democrática de la sociedad, sino que es espurio, ilegítimo. Con esta falsedad se justifica casi cualquier cosa, especialmente la especialidad de los que hoy se agrupan en defensa del SME: torpedear a la democracia y enarbolar su ""razón"" como la única atendible.
La reacción, pues. Esa para la que es mejor encaminarse hacia la utopía regresiva del populismo que asumir la democracia para construir el futuro.
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