Prohibir refrescos no es la opción: investigador

Prohibir refrescos no es la opción: investigador

Luis Manuel Gamboa Sáenz, investigador adscrito al Centro del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en Chiapas, afirmó que prohibir el refresco embotellado en los Altos de Chiapas no es una opción para erradicar el frenético consumo que tienen sus habitantes y que podría desencadenar una epidemia de diabetes.

Al respecto, Marcos Arana, director del Centro de Capacitación en Ecología y Salud para Campesinos y Defensoría del Derecho a la Salud (CCESC), señaló que la falta de acceso al agua y el alto consumo de refrescos son la principal determinante de la grave epidemia de diabetes que sufre la población de la zona Altos, con deducciones de que la situación es de urgencia nacional.

Gamboa Sáenz, autor del libro “Cruzpix para los Santos: un estudio del aguardiente en los Altos de Chiapas”, es etnohistoriador de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), quien durante años ha estudiado las prácticas culturales de consumo del posh en la región.

El investigador comentó que el consumo refrescos se debe a diversos factores, entre ellos la tonalidad, ya que es similar al de algunas bebidas tradicionales, por ejemplo la chicha, una bebida de color café oscuro hecha con maíz.

Explicó que dentro del municipio de San Juan Chamula existe un discurso para insertar la bebida que les ayuda a contextualizar sus usos y costumbres para justificar su consumo.

“Un producto de este refresco de tres litros cuesta en todas las ciudades 40 pesos, pero en San Juan Chamulla está a 15 pesos. Esto es porque a las grandes compañías internacionales les conviene ya que consumen entre cinco a seis bebidas al día”, dijo.

Por su parte, Jaime Page Pliego, investigador del Centro de Investigaciones Multidisciplinarias sobre Chiapas y la Frontera Sur (Cimsur), en su más reciente estudio informó que en Chiapas en promedio cada persona de la entidad bebe 821.25 litros por año, situación que se relaciona con la alta prevalencia de diabetes mellitus, que en la última década ha sido la principal causa de muerte.

Gamboa Sáenz aclaró que el refresco no sustituyó al pox sino al agua, ya que su consumo es dulce y es lo que se puede conseguir con mayor facilidad.

“Al abrir un refresco hace un sonido particular, esto es importante ya que cuando se consume una bebida sale un eructo, esto hace una conexión entre la tierra (lo profano) y el espacio (lo sagrado).

“Por ejemplo, en muchas comunidades encienden un cigarro e inhalan pero sacan el humo, esto como tener una conexión con las deidades”, explicó.

El investigador expresó que es preocupante que los Altos de Chiapas sea el primer consumidor mundial de este refresco, ya que produce muchas enfermedades que son generativas y que pueden tener efectos colaterales.

“Es difícil quitarles un elemento que ya se apropiaron, pero no es imposible.

“Se necesita trabajar con un discurso de sanidad, en la cual se asocie a una enfermedad. Se tendría que fomentar en todos los niveles sociales, pero la prohibición no es una opción, ya que en los Altos de Chiapas lo clandestino se mueve con mayor facilidad”, concluyó.