Hacia fin de año es común la reflexión y el balance de lo sucedido durante los 12 meses que dejamos atrás así como plantearse una serie de propósitos para el nuevo año, incluso existe un ritual al respecto, con las 12 uvas y las 12 campanadas del 31 de diciembre. Aunque de acuerdo con los especialistas, esto no siempre es bueno.
Ritual
El ritual de las 12 uvas que representan los 12 deseos o propósitos a cumplir para el año que inicia ha sido muy popular desde hace décadas, e incluso en la mayoría de las familias no puede faltar, pues es algo que pone más emoción a la última noche del año, comer una uva con cada campanada del reloj.
Los propósitos más comunes siempre son: bajar de peso, hacer ejercicio, dejar de fumar, salir de viaje, dejar de tomar, ahorrar, entre algunos otros; depende de la situación que esté pasando cada persona, y por ello es que los especialistas recomiendan reflexionar más sobre los objetivos personales.
Ni malo ni bueno
Leticia Pérez de la Cruz, psicóloga clínica y psicoterapeuta Gestalt, comentó que los propósitos de año nuevo tienen aspectos tanto positivos como negativos. No se trata de calificarlo como una mala práctica o tradición, puesto que toda persona necesita ponerse objetivos en su vida, como el querer cambiar algo que considera negativo.
Sin embargo, en ocasiones se cae en expectativas poco reales, que van más allá de los medios o posibilidades de la persona, y cuando no se cumplen pueden generarse efectos negativos en la salud emocional o mental. Una meta que considera muy positiva es acudir a terapia para autoconocerse y evaluarse.
Es muy importante el reflexionar para plantearse expectativas realistas y no varias, sola una o dos, que realmente se necesiten, que sea algo positivo en lo personal, sin caer en expectativas sociales sobre nuestra persona. Un error que muchas personas cometen.
Evitar la frustración
A veces el ponerse tantos propósitos no es bueno, porque si bien iniciamos el año motivados, al no cumplirlos en el transcurso de los meses empezamos a caer en la desmotivación o frustración, e incluso porque se suele caer en una idea de competir con los demás, de presionarse para ser “el mejor”.
“Hay personas que se proponen cosas que no les gusta hacer y no van a querer hacer, pero lo hacen solo por ser una expectativa social, como el leer un libro”, puesto que “muchos dicen que debemos leer más, ‘los mexicanos casi no leen’, si no lees no serás culto o educado, pero si te no te gusta no tiene nada de malo”.
Buscar el bienestar
La especialista enfatizó en que cada persona tiene talentos, gustos y aficiones diferentes, que deben saber identificar, conocerse, para que con base en ello se planteen sus propósitos, sin importar qué dicten las normas sociales, solo buscar el propio bienestar emocional.
“Existe lo que se conoce como la motivación intrínseca o endógena, que es aquella motivación que sale de dentro, de nuestro propio interés por hacer algo y por conseguirlo. La motivación extrínseca o exógena es cuando hacemos las cosas por algo externo: por una recompensa, por evitar un castigo, porque la gente lo hace”.












