La reducción de los gastos y viáticos de funcionarios federales mexicanos para el próximo ano suena bien. Es más, políticamente correcto a la luz de las variadas demandas de austeridad que diversas fuerzas sociales han lanzado últimamente y que el mismo presidente Felipe Calderón ha dicho atender. Sin embargo, el porcentaje disminuido no parece ser significativo, por lo que los ahorros esperados no serán espectaculares.
zVale la pena implementar un descuento de 10% a los viáticos gubernamentales? Como medida de relumbrón, casi populista, vale; como estrategia administrativa de gran aliento, no.
Para orientar el debate en la materia habría que centrarse en la política de gasto del gobierno federal y en sus posibilidades reales de ahorro, más allá de simplismos o lugares comunes.
Aun así, tiene razón en que la austeridad gubernamental es obligada y no se respeta. El derroche a partir de los recursos públicos, los dispendios, los excesos con cargo al erario son un delito que pocas veces se castiga y que ni contralorías ni la Función Pública han sido capaces de evitar.
Un gobierno rico con ciudadanos pobres es inaceptable. Escoltas injustificadas, privilegios, gastos discrecionales y nepotismo, entre otros males, siguen siendo una realidad que indignan a la sociedad. La corrupción en el sector público -la que llegamos a conocer a cuentagotas- es una de las grandes fugas.
Remediar las desviaciones no implica irse al otro extremo, poner de rodillas a los funcionarios, humillarlos y hacer que paguen de su bolsa los gastos operativos del gobierno, en una especie de venganza social.
No, se requiere todo un trabajo serio de reingeniería administrativa, que, a partir de los ingresos federales, calcule las dimensiones del gasto administrativo, redimensione el tamano de la burocracia, y redistribuya el gasto enfocándolo más en infraestructura y en los sectores productivos que aún le quedan al Estado.
Asimismo, urge tapar los hoyos de las desviaciones, que son los que en verdad sangran las arcas nacionales.
Quitarle 50 dólares a los gastos diarios de los funcionarios en comisiones en el extranjero generará ahorros. Si no se hace en un contexto integral, la medida será sólo para efectos propagandísticos que se sumarán a una cuestionable política de austeridad gubernamental. Similar a lo que ocurrió con los descuentos temporales a los peajes carreteros durante esta temporada decembrina.
Con qué cara piden los partidos políticos mermas a contratos colectivos -ciertamente ventajosos- como los del IMSS cuando mantienen gastos en viáticos, viajes al extranjero, bonos sacados de la manga y servicios de gastos médicos mayores.
El día que algún político se anime a quitar prestaciones absurdas en un país en vías de desarrollo, como la luz gratuita para los trabajadores electricistas o la gasolina gratis para los petroleros, con mucha razón éstos argumentarán que es en la alta burocracia por donde se debe empezar.
Hay que ir a fondo y trabajar para que la austeridad del gobierno se dé donde se tenga que dar y no afecte los resultados o la eficiencia de las dependencias. Es común escuchar justificaciones en algunas áreas del gobierno sobre que su calidad de atención es mala porque no tiene recursos. Eso no debería ser porque quiere decir que el gasto se está aplicando donde no se necesita.
Tenemos que hacer extensiva la cultura de la transparencia, como una forma de vida que nos permita hacer que los recursos públicos sean mejor invertidos y alcancen para más. (El Universal)











