Jorge A. Chávez Presa * El Universal. México ha tenido muy malas experiencias con el endeudamiento público. Muchos de nosotros todavía recordamos los estragos que ocasionó el sobreendeudamiento público, y que desembocó en severas crisis en 1976 y en 1982. Es importante recordar que el sobreendeudamiento mencionado se originó tanto por un exceso de gasto corriente y subsidios generalizados sobre una endeble base de ingresos, como por millares de pésimos proyectos de inversión, conocidos mejor como elefantes blancos.
Estos paquidermos fiscales fueron grandes proyectos que, una vez concluidos, no generaron los beneficios previstos. Entre algunos ejemplos destacan: aeropuertos construidos en lugares donde las condiciones climáticas reducían el tiempo para operarlos; desarrollos de vivienda alejados de los centros urbanos y de los lugares de trabajo; carreteras de muy bajo aforo; clínicas y hospitales sin posibilidad de equiparse y de ocuparlos con el personal calificado para atender la demanda de servicios de salud; y plantas de tratamiento sobredimensionadas para procesar las descargas de agua.
Hay varias razones para preocuparnos nuevamente por el endeudamiento del gobierno:
Primera, el Ejecutivo federal está solicitando para el 2010 una autorización del Congreso de la Unión para contratar un endeudamiento neto interno hasta por 340 mil millones de pesos (mmdp), más 8 mil millones de dólares (mmdd) de deuda externa, más 8.8 mmdp para proyectos de inversión financiada en CFE. El monto del endeudamiento solicitado es superior al del ano pasado, que fue de 295 mmdp más 1 mmdd. Sin embargo, el ano pasado el Congreso aumentó el límite de deuda a 380 mmdp más 5 mmdd de deuda externa.
Segunda, si bien en la consolidación de las operaciones financieras del sector paraestatal y el gobierno federal, el monto del endeudamiento del sector público es menor a la inversión, el monto del endeudamiento que solicita el gobierno federal es superior a la inversión presupuestaria que está contemplada en el proyecto de presupuesto de egresos 2010.
Tercera, la SHCP estima que las necesidades de financiamiento de todo el sector público federal para el 2010 representan 382 mmdp y equivalen a 3.1% del PIB. Esta cifra para algunos podría resultar muy pequena si se compara con la de otros países más desarrollados; sin embargo, ésta resulta muy grande en comparación con el tamano de la hacienda pública mexicana. El endeudamiento solicitado por el gobierno federal equivale a la tercera parte de sus ingresos tributarios no petroleros.
Cuarta, las finanzas del sector público contemplan en la propuesta del Ejecutivo federal un déficit primario, lo cual no se había visto en los últimos 28 anos. Esto significa que por primera vez no se generan ingresos ni para cubrir los intereses del saldo de la deuda pública. Lo anterior enciende luces de alerta.
Si el objetivo es crecer y promover empleos, esta fórmula de usar endeudamiento para cubrir gasto corriente e intereses no es la más recomendable. Esto le da entrada a la propuesta que traen algunos legisladores para poner en práctica la solución mágica de evitar el imprescindible aumento en los ingresos tributarios y la inaplazable reducción del gasto. La fórmula mágica es aumentar el déficit propuesto, esto es, incrementar la deuda pública, lo que significa heredar a las futuras generaciones el aumento de impuestos.
zEs responsable aumentar el déficit público propuesto para 2010? La pregunta depende de lo que se apruebe en materia de ingresos. Tengamos presente que el país dispone de menos reservas de petróleo y se está produciendo menos crudo; además, el precio del petróleo no va a compensar la caída de la producción que, con respecto al pico de octubre de 2004, ya es de casi 800 mil barriles diarios. Si se da un mayor esfuerzo de recaudación y se reduce el gasto para compensar la caída permanente de ingresos, sí podría ser posible aumentar el déficit. De incrementarlo sin el sustento de ingresos es el inicio de un suicidio.
Por los riesgos descritos, el presidente Calderón y la bancada de su partido en el Senado de la República tendrán la responsabilidad de determinar y defender el techo del endeudamiento público que se apruebe en la Ley de Ingresos de la Federación. Por ello, en el remoto caso de que se busque la salida fácil de aumentar el déficit fiscal y se hagan cuentas alegres con la cotización del petróleo, el presidente Calderón y su bancada en el Senado podrán hacer valer el veto presidencial para evitar cualquier barbaridad económica. Esa será una de las grandes decisiones en la aprobación del paquete económico para 2010.











