Qué fácil vivir de prestado

A veces México parece una carreta tirada por dos caballos, pero cada uno jalando en sentido contrario. Mientras a nivel nacional la política hacendaria ha madurado, volviéndose cada vez más responsable para conservar la estabilidad económica, a nivel local la prioridad es gastar hoy, sin importar las consecuencias mañana.

Los congresos en las entidades, así como sus funcionarios, se han arrojado a la indisciplina y la falta de seriedad. Según el secretario de Hacienda, Ernesto Cordero, en los últimos dos años ha crecido en más de 30% la deuda de los municipios y las entidades federativas pasando de 203 mil millones de pesos a 270 mil millones. Un fenómeno sin precedentes.

Pareciera que a las autoridades locales les tiene sin cuidado el futuro de sus poblaciones. Endeudan sus haciendas públicas en el afán de salir bien librados en el corto plazo, de construir obras de relumbrón en tiempos electorales, incluso como maniobra para malversar fondos. Al fin que los funcionarios que vengan serán los responsables de resolver el entuerto.

Lo grave es que dichas entidades no cuentan en realidad con dinero propio para pagar sus drogas, pues la mayoría de sus recursos provienen de la Federación. Es papá gobierno federal quien asume los costos. Qué fácil eludir cobrar impuestos y al mismo tiempo pedir prestado para que sean otros quienes paguen.

Otra cosa sería si la deuda pública estatal y municipal fuera apalancada con dinero nuevo, por ejemplo, con ingresos derivados de una reforma fiscal a nivel local. Es decir, que cada entidad se hiciera responsable de crecer sus propias contribuciones. Bien dice el secretario Cordero que si el predial, el principal impuesto municipal, se cobrara en México otra historia sería. Brasil, y Colombia, sólo por citar algunos países de similar calibre, recaudan por esta vía diez veces más que México.

Si a todo lo anterior añadimos que el despilfarro a nivel municipal está cobijado por la más cínica opacidad de las cuentas públicas, la situación hacendaria del Estado mexicano -en el ámbito gubernamental más cercano a la gente- se revela muy insatisfactoria.

Cuando una carreta es jalada por dos caballos, cada uno por su lado e interés propio, el resultado es un vehículo inmóvil o, en el peor de los casos, uno que se quiebra por la mitad. El mismo destino se vislumbra para México si las autoridades de estados y municipios no se comportan con mayor responsabilidad.