Evidentemente, la guerrilla en México no se ha extinguido. Se mantuvo encapsulada en regiones y familias durante un largo cuarto de siglo y al parecer ahora resurge con renovados bríos. zQué falló? La inteligencia, desde luego, pero también la supresión de causas que la incuban. Miseria, exclusión y represión conforman una tríada que radicaliza y es usada por algunos como justificación para abrazar la siempre reprobable violencia.
Hoy, todos los partidos políticos, esos que no logran ponerse de acuerdo para allanar el camino del progreso nacional, coinciden en condenar los atentados. Con una sola voz desde el PAN hasta el FAP, pasando por la pléyade entera de siglas partidistas, se pronuncian inequívocamente en contra de los violentos.
Es de celebrarse que no haya el mínimo gesto de simpatía ni comprensión hacia los saboteadores.
El corte de las arterias conductoras de energéticos ha entorpecido las actividades productivas en el Bajío, de Jalisco a Aguascalientes y de Guanajuato a Querétaro.
Un millar de empresas medianas y pequenas paradas, pérdidas diarias por cuando menos 100 millones de pesos y unas 80 mil viviendas que carecen de gas.
Petróleos Mexicanos hace esfuerzos para restablecer el suministro con prontitud y anuncia reforzamiento de medidas de seguridad. Después del nino ahogado se tapa el pozo.
zDónde han estado no estos días pasados, sino estos meses, incluso estos anos, los aparatos de inteligencia del Estado mexicano responsables de detectar y prevenir amenazas a la seguridad nacional?
zDónde los políticos para responder a la demanda eterna de las masas marginadas que se apinan en las sierras de las entidades surenas o en los barrios proletarios de las ciudades?
Para los jóvenes en nuestra sociedad hay un horizonte incierto en el que se configura con menos precisión un futuro empleo que la posible huida al norte, el ingreso a bandas de delincuentes o en algunos casos, incluso, la rebelión. Son apuestas de vida desventajosas, es más, preocupantes, que pueden inclusive complicarse si llegaran a traslaparse.
En otros lados, la guerrilla se ha aliado con los narcotraficantes; a cambio de su apoyo bélico reciben armas, municiones y dinero. Esa sí que sería una opción indeseable para México.
La inteligencia falló en detectar la espiral de silencio que se transformó en una espiral de violencia. Ahora la tiene que parar en seco.
En ese punto en el que los centros del poder coinciden, deben sumarse acuerdos entre las partes para que no se rina el trabajo político con la inteligencia, sino que se complementen.
Con humildad acordémonos de qué manera los países del sur del río Suchiate convinieron en transitar de los tiempos de la guerrillera a los acuerdos de paz. El castillo de Chapultepec fue escenario para firmar documentos que unieron a los que la violencia separó. México está lejos, muy lejos de ese amargo antecedente histórico, pero en esta encrucijada nacional no nos caería mal refrendar nuestra vocación de paz.
Condenemos la destrucción y la zozobra, pero encaremos con determinación que hay resabios de guerrillas dispuestas a explotar la exclusión. (El Universala)











