Las quemas prescritas muchas veces son desconocidas y poco aplicadas. De acuerdo con el coordinador de incendios forestales de la región Soconusco en la Comisión Nacional Forestal (Conafor), Andrés Cabrera Trinidad, hay ecosistemas, como los tulares, que se pueden ver beneficiados con estas prácticas.
El tular está representado por plantas de uno a tres metros de altura, de hojas angostas y sin órganos foliares. Forma áreas densas en zonas pantanosas y lacustres, distribuyéndose desde el nivel del mar hasta unos 2 mil 750 metros de altura; este ecosistema forma parte de los humedales, porciones de tierra que se encuentran parcial o temporalmente inundados.
Se adaptan al fuego
“Los tulares son un ecosistema o vegetación que está adaptada al fuego, se necesita de este para que tenga un mejor crecimiento; sabemos que cuando pasa un fuego en los titulares, rápidamente en cinco o 10 días vuelve a revivir, se sustituye y se vuelve a reconstruir la vegetación igual a como estaba”, explicó Cabrera Trinidad.
Además mantiene trabajos en la Reserva de la Biósfera La Encrucijada, la cual por su riqueza de especies de flora y fauna fue incorporada a la Red Mundial de Reservas de Biósfera de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) en 2006.
Sobre la quema prescrita, el especialista detalló que se trata de una quema planeada, la cual es estructurada en un organigrama, “es una quema que planeamos en conjunto bajo un trabajo coordinado con todas las dependencias medioambientales y las comunidades”.
En la torre de vigilancia, del ejido Salvación en Villa Comaltitlán, el ambientalista acotó que “hacer una buena quema puede beneficiar a los humedales, al reducir la cantidad de combustible que existe en el lugar; entre más reducimos combustible, el comportamiento del fuego va a ser más lento cuando se propaga a un incendio forestal en este tipo de vegetación”.












