Todo parece indicar que el Senado de la República modificará las reformas a la Ley Federal de Radio y Televisión, que fueran aprobadas el pasado 1 de diciembre por los diputados. Los coordinadores de los senadores del PRD y PAN, así como el legislador Adrián Alanís, del PRI, coincidieron en que la minuta que recibieron de la Cámara baja tiene que ser enriquecida antes de ser aprobada definitivamente.
Es indudable que la legislación en la materia debe ser actualizada, ante el crecimiento de la industria y la inevitable actualización tecnológica, que ya ha rebasado ordenamientos normativos que no responden a la realidad vigente. Sin embargo, toda modificación a la ley debe servir para dar pasos adelante, y no hacia atrás, en la democratización de los medios.
Después de que los diputados aprobaran, el mes pasado, modificaciones a la legislación federal, surgieron voces dentro y fuera de la propia industria de la radio y la televisión, criticando la falta de ponderación de las reformas por carecer de parámetros claros para la diversificación de concesiones, no tener límites explícitos a la concentración de las mismas y por no prever las consecuencias negativas durante la migración de sistemas analógicos a digitales. La polémica desatada desde entonces -que ha incluido lo mismo a empresarios de los medios que a grupos de intelectuales, equipos técnicos de expertos, miembros de la academia y comunicadores-, coinciden en la urgencia de revisar lo que aprobaron los diputados, ya que, aseguran, el resultado sólo satisface a un grupo de concesionarios, en detrimento de muchos otros actores sociales, sensibles de participar en la diversificación de los medios de comunicación en el país, tales como los integrantes del medio cultural, productores independientes, organizaciones no gubernamentales y público en general, entre otros.
Al no haber consenso al respecto, ni siquiera al interior de los propios partidos políticos, es oportuno que los legisladores se den una pausa para la reflexión seria, antes de proceder a su aprobación definitiva.
Ciertamente, el de los medios de comunicación es un debate ya muy anejo, que suele polarizar posiciones y postergar sus acuerdos. No se trata de pedir ahora que las reformas se posterguen ad infinitum, sino que de una vez por todas se escuchen los planteamientos de todos los involucrados en el proceso y se legisle en consecuencia, sin lastimar a la sociedad, que sería la única afectada en caso de que tratara de perpetuar en los medios un estado de cosas que ya no responde al país moderno que es México.
Así como la transparencia y la modernidad han llegado a muchos ámbitos de la vida nacional -el político, el electoral, el económico, el religioso, entre otros-, en el de la radio y la televisión también llegó la hora de hacer las reformas necesarias para que los medios de comunicación sirvan a los mexicanos de manera generalizada.
Nuestro país requiere una legislación que esté acorde con el momento tecnológico y político que vive el país, sin detrimento de las libertades de expresión, económica y empresarial, pero sin apartarse tampoco de su función social.
El Senado tiene en sus manos la oportunidad de llevar al país hacia el siglo XXI en materia de radio y televisión, pero también corre el riesgo de dejarlo en los usos y costumbres del siglo pasado, que poco servirán para que este país sea más democrático. Ojalá los senadores cumplan con su función de legislar en favor de la sociedad, haciendo a un lado los poderosos e inevitables intereses que hay en esa industria y que sin duda pesan a la hora de los cabildeos. Es todo un proyecto de modernidad lo que está en juego, no sólo un ordenamiento menor de medios. (El Universal).











