"Tras la consulta pública convocada por el Senado de la República, para escuchar voces interesadas en opinar sobre la minuta de Ley Federal de Radio y Televisión, ha comenzado en la Cámara Alta el proceso propiamente dictaminador del documento que fuera aprobado por los diputados, en diciembre pasado.
El Senado tiene en sus manos la posibilidad de hacer progresar al país, no sólo en materia tecnológica sino democrática, si logra fortalecer el texto actual, conjurando los aspectos más riesgosos de una legislación que, tal y como está, sólo abonaría en favor de la exclusión, de la sociedad, de los medios electrónicos de comunicación, y pondría en entredicho el papel del Estado como regulador de radio y televisión en el país.
Ha habido muchas presiones de parte de concesionarios y empresarios para que los senadores aprueben el documento que les envió la Cámara de Diputados, dado que éste les garantiza beneficios personales en la medida en que se perpetúa un statu quo, muy cómodo para quien ya detenta concesiones.
El Senado de la República es una institución fundamental en la toma de decisiones importantes para el país. Es, esencialmente, una institución reflexiva, justa y factor de equilibrio. Por tanto, el Senado ha de tener la sensibilidad política y legislativa suficiente para no perder la perspectiva de las cosas y, por muy acosado que pueda estar por los grupos de presión que no quieren que nada cambie, debe tomar en cuenta las múltiples opiniones que senalaron en la pasada consulta pública: que no es posible disenar una ley que excluya a ciudadanos de los medios de comunicación, ni que sea discrecional a la hora de otorgar concesiones, que sea ambigua en materia tecnológica, que no permita la competencia o la haga inviable en los hechos y, mucho menos, que ponga en entredicho las atribuciones del Estado para intervenir en el sector.
Lo que está en juego con la aprobación de la Ley Federal de Radio y Televisión es el futuro de la democracia en México. Buscar que se modifique la minuta de los diputados no está, como dicen los detractores de los cambios a la ley, en la línea de buscar ""inconfesables objetivos individuales o de grupo"", sino en la más amplia misión de vigilar que la democracia en el país no se ponga en riesgo y las instituciones republicanas sean el factor esencial de la vida política de México.
Durante los últimos 40 anos el país ha estado inmerso en una constante transformación de sus instituciones, de tal manera que hoy los mexicanos somos más libres y competitivos que hace varias décadas. Los medios de comunicación no tienen por qué ser la excepción a tal regla, ni tienen por qué seguir administrándose como hasta hace 20 anos, mediante acuerdos y componendas ajenas a la ley, y sobre todo, entre pocos participantes.
Así, el Senado de la República, en su calidad de Cámara revisora por lo que hace a esta ley, tiene frente a sí el reto de estar a la altura del país que somos y al que aspiramos a ser, para lo que resta del siglo.
La decisión que tomen los senadores en torno a este tema no es un asunto sólo técnico, sino que involucra aspectos políticos muy delicados, porque de ello depende quién contará con las herramientas para comunicar al país los próximos anos.
Es muy conveniente que a la hora de dictaminar, los senadores tengan en mente de forma primordial a los ciudadanos. Es de esperar que mantengan esta disposición democrática y que actúen en consecuencia, de tal manera que el sentido de su reflexión y sus votos sean favorables a la sociedad que es, a fin de cuentas, la que a todos nosotros importa.
A pesar de lo que se diga, este diario ha mantenido una actitud reflexiva respecto de esta ley, sin más interés que el progreso del país y el fortalecimiento de una democracia que aún es incipiente, pero que con leyes justas, particularmente en lo relativo a medios electrónicos, podrá consolidarse de forma definitiva. (El Universal).
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