"Rafael: la historia de un ""inmigrante"" chiapaneco "

"Carlos Burguete * CP. Con tan sólo 20 anos de edad, Rafael Espinosa Gómez, un joven oriundo de Ocozocoautla Chiapas, y que desde muy joven conoció el oficio de mecánico, decidió probar suerte en Estados Unidos, sin embargo, aquel sueno americano que tanto había anhelado se desvanecería tan pronto estuviera en los campos estadounidenses trabajando largas jornadas en condiciones de esclavitud y discriminación.

Sin papeles que acreditaran su legal instancia en Estados Unidos y con la deuda de unos seis mil pesos que le debía al pollero por pasarlo al otro lado, Rafael tuvo que trabajar jornadas de hasta de 11 horas en los campos de pino, donde tenía que recoger las hojas secas de ese árbol, que comúnmente conocemos como juncia, para hacer con ellas, pacas que utilizaban los gringos en sus patios traseros.



Explotación

Diariamente, Rafael se levantaba a las 4 de la madrugada para llegar a tiempo al campo y poder recoger la juncia limpia y seca, pues de lo contrario el gringo no lo compraría.

Trabajando de sol a sol, en terrenos fangosos, y vulnerable a picaduras de cualquier insecto, a Rafael le pagaban unos 90 centavos de dólar por cada paca, algo así como unos nueve pesos; al término de su jornada, sólo alcanzaba a juntar unos 360 pesos por las 40 pacas que malogradas hacía por día.

Sin embargo, el dinero que ganaba Rafael, la mayor parte, lo destinaba para pagarle al pollero, la renta del lugar en donde vivía además de su alimentación, es decir, prácticamente Rafael vivía para otros, tal y como lo hacen los más de seis millones de mexicanos que se encuentran en Estados Unidos de manera ilegal, como lo afirma la organización civil Pew Hispanic Research Center.

Rafael no sólo tendría que enfrentar las adversidades del campo, sino las condiciones en donde dormía, pues al igual que la mayoría de los inmigrantes que llegan a trabajar en los campos de Estados Unidos, Rafa vivía en una casa móvil o ""traila"" lugar que compartía con otras 11 personas, en donde había un solo bano, tres camas y una pequena cocina.

Al joven coiteco, adjetivo que se les da a los oriundos de Ocozocoautla, le llevó alrededor de dos meses poderle pagar al pollero los seis mil pesos que le debía, tiempo en que tenía que estar atento a todo tipo de persecución, tanto racial como laboral.

?Con esta situación, me iba a morir de hambre!, expresa Rafael al recordar la difícil situación en que se encontraba en ese momento.



Complicidad necesaria

Sin derechos humanos, laborales, políticos y sociales, Rafael siguió buscando otra manera de salir de esa penumbra, sabía además, que para encontrar otro trabajo necesitaba de la famosa Green Card o Visa de Inmigrante, documento que le permitiría trabajar dentro de ese país.

Ante la necesidad de un nuevo trabajo, Rafael tuvo que contactar a un falsificador de credenciales oficiales, el cual en tan sólo unos minutos, le dio su Visa de Inmigrante.

En los días siguientes Rafael tuvo la fortuna de encontrar trabajo en una constructora como chalán, recogiendo pedazos de tablaroca. La suerte parecía estar a su lado, pues en esa constructora le pagaban 8 dólares la hora (ochenta pesos), sus condiciones de trabajo eran diferentes, sin embargo, la incertidumbre y la zozobra de ser denunciado por los propios trabajadores de la constructora era una constante en el sentir del joven chiapaneco.

A pesar del temor de ser deportado, Rafael pudo trabajar en aquella constructora, incluso había mandado para sus padres unos 35 mil pesos. En ese lugar duraría seis meses, sin embargo, una llamada le cambiaría de nueva cuenta su suerte.

En una manana al comunicarse Rafael con sus padres, dona Rosa Gómez Toledo y don Elías Espinosa Sánchez, le hicieron saber que no estaban bien de salud, situación que obligó a Rafael a regresar a su casa, dejando atrás lo poco que había logrado en la Unión Americana.

Actualmente Rafael trabaja como reportero en esta empresa editorial, y hasta la fecha no descarta la posibilidad de regresar a Estados Unidos.

Tal vez Rafael corrió con suerte en ese intrépido viaje, pues muchos inmigrantes no corren con el mismo destino, pues son dejados a la suerte en el desierto por los traficantes de humanos, comúnmente conocidos como polleros.



Realidad

Muchos logran cruzar a Estados Unidos, sin embargo, estando ya en ese país, la suerte de nuestros inmigrantes que buscan simplemente trabajar para conseguir algunas monedas para sostener a sus familias, cambia para convertirse en un constante sufrimiento, pues son víctimas de la explotación de las maquiladoras, de las zonas agrícolas, de las industrias, en donde los hacen trabajar largas jornadas en condiciones infrahumanas, sin salarios justos, además de esquivar a los cazainmigrantes, que buscan detener a través de las armas a nuestros connacionales, como si fueran unos animales de caza.

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