Preocupado por los conflictos sociales que generan violencia en Chiapas, el obispo de la Diócesis de Tapachula, Jaime Calderón Calderón, urgió a las autoridades gubernamentales a generar el diálogo entre las partes para encontrar soluciones pacíficas y a la vez emprender acciones que ayuden al desarrollo de las comunidades.

En torno al conflicto en la zona de Toquián Grande y Pavencul, en donde fueron destruidas una decena de viviendas y varios vehículos, así como se desplazaron a unas 60 personas entre niños, mujeres y hombres, lamentó “la inacción y falta de voluntad para generar soluciones de parte de las autoridades”.

En tanto, a los grupos en pugna los llamó a asumir su responsabilidad en la búsqueda de caminos que lleven a la salida del problema, “los invitamos a asumir actitudes que generen diálogo, paz y unidad. Evitemos toda actitud de egoísmo, división y rechazo de posibles soluciones”.

Por otra parte, ante los altos flujos migratorios que se están registrando por la Frontera Sur que “son un desafío para todos”, monseñor Calderón Calderón lamentó que algunos cometan actos de violencia, por lo que sostuvo: “son bienvenidos a nuestro país, pero respetando siempre las normas de sana convivencia”.

Reconoció el esfuerzo que realiza el Instituto Nacional de Migración para atender a quienes lo solicitan, aunque advirtió que hace falta una actitud clara y fraterna de recibimiento y acompañamiento a las caravanas, puesto que “se les permite ingresar al país y kilómetros más adelante se les recogen y regresan”.

Finalmente, recordó que la época de cuaresma es tiempo en que la Iglesia invita a la conversión y liberación. “Dios nos permita gozar la experiencia de la liberación del pecado y que en su servicio de informar a la comunidad se vea expresado este espíritu de conversión y arrepentimiento que nos lleva a todos a no querer pecar más”.