Realiza INAH altar prehispánico

Realiza INAH altar prehispánico

Con la intención de mostrar cómo eran los entierros antes de la llegada de los españoles a la entidad, donde los huesos eran expuestos y ofrendados a deidades, se realizó el montaje de un altar prehispánico en el Museo Regional de Chiapas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

La elaboración estuvo a cargo del equipo de la sección de Antropología Física y laboratorio de Osteología que encabeza el antropólogo Javier Montes de Paz, con los restos, principalmente cráneos, de los individuos que fueron encontrados en la cueva de Frontera Comalapa.

El antropólogo e investigador detalló que se trata de un altar de tres pisos que representa la creencia de los tres planos: el inframundo, lo terrenal y lo cósmico; se asemeja a un tzompantli, una antigua tradición prehispánica de tipo ofrenda donde los cráneos y algunos huesos eran empalados u ofrendados.

Montes de Paz teoriza y propone tres tipos de tzompantli: los de las culturas aztecas, que tenían la finalidad de infundir terror en el enemigo y colocadas regularmente en la entrada de las ciudades.

Las de la Península, que tienen la peculiaridad de adornar las paredes de las ciudades; y su propuesta de investigación, a raíz de los 150 cráneos hallados en la cueva de Comalapa que datan del periodo clásico tardío y posclásico temprano, es que se trate de una ofrenda o guardianes del sitio.

Los 150 individuos, detalló, “están sacrificados y degollados, pudieron haber sido cautivos, pero hasta ahora no es posible determinar a qué cultura corresponden, pero hay una constante, una deformación craneana intencional tabular erecta, muy común en la Depresión Central de Chiapas”; agregó que “aquí también había varas, pero no sirvieron para empalar, sino en forma de una mesa de ofrenda”.

En la esquina inferior izquierda están los cráneos de dos niños, una figura de barro que representa un perro y el esqueleto de un xoloitzcuintle. De acuerdo al antropólogo, en la antigua tradición mesoamericana, al morir un perro sería el guía de los difuntos en su camino hacia el inframundo.

La ofrenda está acompañada de productos comestibles, calabaza, sal, maíces, sin faltar las flores de muerto o cempasúchil, sin embargo, también destaca el sincretismo que se generó tras la llegada de los españoles, con elementos como la cruz.

En esta iniciativa colaboró la criminóloga Sandy Abigail Reyes López, la arqueóloga Nancy Christell Ledezma Pérez y la criminóloga y especialista en antropología forense, Citlalli de Jesús Cabrera López.