Aunque en 1998 un incendio forestal arrasó con la flora y fauna de Lagunas de Montebello y se perdieron especies emblemáticas para Chiapas, los trabajos de monitoreo realizados en el lugar revelaron que 20 años después regresó el quetzal, una especie que es emblemática en la entidad, destacó María Odetta Cervantes Bieletto, directora de este parque nacional.
El tema no es menor, dijo, tomando en cuenta que el 50 por ciento de la cobertura vegetal del lugar quedó siniestrada hace dos décadas, sin embargo, con el paso de los meses se reforzaron las campañas de reforestación y mejoró la salud de ese ecosistema, que recibe a miles de turistas cada año.
A través de los programas de monitoreo, explicó la funcionaria del la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp), desde el 2015 comenzaron a observar como los quetzales estaban de nuevo en la zona, aunque los avistamientos fueron menores. “Esto es un excelente indicador y es maravilloso cuando te subes a la torre y puedes ver todo el bosque como está”.
En toda la cuenca que compone las Lagunas de Montebello se realiza trabajo preventivo en las áreas, también saneamiento de espacios dañados y regeneración natural; a partir de estas actividades es como se ha recuperado muchísima cobertura.
Lo que ahora han notado, detalló, es que en dos o tres sitios la población comenzó a invadir para realizar actividades turísticas, es una hectárea donde se está cambiando el uso de suelo y ello también afecta el hábitat de las especies nativas.
Cervantes Bieletto calculó que son más de dos mil hectáreas que se han recuperado de cobertura vegetal, dentro de las especies está el bosque mesófilo, “entonces estamos ahí enriqueciendo con especies que le gusta al quetzal, las orquídeas, para recuperar toda esa biodiversidad que tenemos y que podemos disfrutar en un sitio muy accesible con una belleza escénica increíble”, remarcó.
Continuó: “El año pasado nos dieron más o menos una densidad aproximada, pero es aproximada, todavía falta, porque realmente estos estudios de quetzal empezamos a hacerlos el año antepasado, en 2018, entonces todavía hay mucho trabajo que hacer para estar estableciendo una población aproximada, pero sí ya tenemos nidos, eso es algo muy bueno porque no es solamente un sitio de paso, sino también donde la especie se reproduzca”.
Lo bonito de estar en este oficio, dijo, es que se observan los logros y los avances; no obstante, tienen mucho que hacer en la parte social, en la construcción, en la búsqueda de alternativas en las comunidades para que lo que ya está se mejore, se mejore la infraestructura, se mejoren los servicios, se mejore la imagen, la calidad y lo que no está, es decir, las demás personas, busquen o tengan otras oportunidades para ayudar en este sentido.
“Todavía no tenemos así como la cantidad -de quetzales- pero sí te puedo decir, desafortunadamente, no he tenido el gusto y ese placer, cada vez que lo voy a buscar no está y ya cuando regreso aquí estaba o llegó y se acaba de ir, pero hemos tenido hasta siete parejas de individuos juntos (de cinco lagos)”, comentó.
Los investigadores consideran que por ahí debe estar un área de anidamiento de quetzales, situación que alienta a pensar que existe una población significativa de ejemplares. “Por ejemplo, los senderos es algo muy padre, porque con los compañeros de Tziscao, se cuida el sendero donde hay quetzales, y si había que sanear un árbol, checando las zonas que no perturbáramos cerca del hábitat donde están ellos, muy consciente de cuidar eso, entonces es un trabajo conjunto. La conservación se hace con la sociedad y de esa forma es como vamos a lograr que realmente cuidemos y protejamos todo nuestro patrimonio natural”.
Es importante mencionar que sólo las Lagunas de Montebello es una reserva natural protegida, cuya extensión territorial es de seis mil 425 hectáreas; en tanto, toda la cuenca, que incluye a tres municipios, está compuesta de 81 mil hectáreas.












