Rey Ignacio de la Cruz es el nuevo sacerdote que se integró a las filas de la predicación del evangelio, en el marco de los 51 años de vida de la Diócesis de Tuxtla Gutiérrez.
La diócesis de la capital chiapaneca en sus inicios contaba con nueve sacerdotes diocesanos y un número reducido de distintas congregaciones religiosas, y ocho aspirantes al sacerdocio.
Actualmente, el territorio diocesano está compuesto por 69 parroquias, dos cuasiparroquias, tres misiones parroquiales y cinco rectorías.
La vocación en la diócesis, actualmente hay 131 sacerdotes incardinados, cinco extradiocesanos, 21 religiosos, 28 seminaristas en grado de teología, 42 en filosofía y 30 jóvenes que ingresarán este ciclo al seminario.
El nuevo sacerdote, Rey Ignacio de La Cruz, realizó su promesa ante el arzobispo de la capital chiapaneca, Fabio Martínez Castilla, en la cual se comprometió a ayudar con fidelidad para ir a realizar la acción apostólica se lleve a cabo en la misma iglesia.
También se ordenaron los diáconos Gilberto Hern€andez García, Esteban Gumeta Ferra, Martín Miranda y Tomás de J. Gómez.
El monseñor señaló que el diaconado está en orden al servicio de la Iglesia, como él mismo lo expresó “desde que fue instituido por los Apóstoles para significar a Cristo servidor, a Cristo que ama a todos los que le necesitan y de modo muy especial a los pobres”. Dejó en claro que la humildad es una de las características del buen servidor que tiene que tratar a los demás con respeto y dignidad.
Pidió hacer mucha oración para que los nuevos servidores de la Iglesia se mantengan fieles a las promesas que hará hoy ante su obispo, ante la Iglesia y ante Cristo.
Dentro de la misa se realizaron todos los signos correspondientes a una ceremonia de este tipo. Se firmaron los documentos jurídicos, los nuevos diáconos rindieron juramento ante el arzobispo, fue llevado hasta el celebrante por sus propios padres, fue presentado por el párroco del lugar, realizó el signo de postración, su párroco lo revistió con los ornamentos propios del diácono, recibió los Santos Evangelios, y el saludo del monseñor con el cual concluyó esa parte del rito de ordenación.












