Con la reasignación de 8,500 millones de pesos dispuesta para la recuperación de Chiapas, devastada por el huracán Stan, se retoma la atención distraída temporalmente por el golpe de Wilma sobre Cancún, que ya comenzaba a suscitar reclamaciones por lo que parecían tratamientos diferentes, con menoscabo de las zonas indígenas. El golpe del meteoro en Chiapas tuvo características dolorosas por afectar uno de los estados mexicanos con el más alto índice demográfico indígena y el mayor retraso económico y social, así como por haber causado un alto número de damnificados.
La ayuda fluyó de inmediato, pero tuvo tropiezos por las desfavorables condiciones del tiempo para los desplazamientos y por la destrucción de caminos y puentes y la imposibilidad de llegar por aire. Sin haber concluido la emergencia por Stan, la voz de alerta anunció el demoledor paso del huracán Wilma, el más poderoso de la historia en el Atlántico, sobre Cancún, refulgente foco del turismo internacional que vio desaparecer sus playas, la pérdida de muchas bellezas naturales y un serio dano a la formidable infraestructura construida a lo largo de tres decenios de incesantes inversiones multimillonarias.
El brutal golpe del huracán destruyó muchos bienes muebles e inmuebles, pero causó pocas víctimas por la celeridad y eficacia de las medidas preventivas tomadas por los cuerpos de protección civil y todas las autoridades locales y federales, así como por la acción informativa y orientadora de todos los medios de comunicación.
Es impostergable la reconstrucción de Cancún y de toda la Riviera Maya, el Caribe Mexicano, fuente de trabajo de millares de personas y generadora de un gran ingreso de divisas. Pero es un obligación moral mayor acelerar la reconstrucción y reactivar la economía de Chiapas, tierra de mexicanos esforzados y empobrecidos durante muchos anos a pesar de ocupar un territorio dotado de recursos excepcionalmente ricos, desde el agua, el petróleo y las maderas de la selva, hasta el café, el ganado y una estimable variedad de productos agrícolas. Chiapas tiene para muchos vecinos del sur del continente, el mismo atractivo que nuestro vecino país del norte tiene para muchos de nuestros paisanos.
Es bienvenido el aumento en los recursos para ayudar a Chiapas. Lo que resta es que no haya dilaciones en la aplicación de los mismos y que, como siempre, se asegure que van a cumplir el fin para el que han sido destinados, sin desviaciones ni malversaciones. Este ano, la temporada de huracanes nos ha exigido una alta cuota en víctimas, danos y perjuicios. No nos tomó por sorpresa. Los servicios meteorológicos satelitales registran paso a paso la dirección y la fuerza de los meteoros, y 40 anos de ejercicio en las prácticas de protección civil organizadas y sistematizadas permiten tener resultados positivos, poner a salvo vidas y aminorar las pérdidas. La etapa siguiente no por menos espectacular es menos importante. La reconstrucción es muy costosa y exige celeridad, y la reactivación de la economía regional es una operación complicada y laboriosa. Pero ya estamos en ella, y con los cuidados debidos, para evitar que se llegue a suponer que hay hijos consentidos, simplemente hijos y entenados o hijastros.
El gobierno federal no tiene, ni debe tener, preferencias en los auxilios en casos de emergencia, ni por la necesidad de que los centros productores de divisas se rehabiliten con urgencia, ni por razones de partido, que en estas situaciones tienen que ser totalmente marginadas. Todos son mexicanos antes que militantes políticos o electores. Y la ayuda tiene que fluir por igual, sin distinciones. (El Universal).











