Los datos dados a conocer ayer por la Organización de las Naciones Unidas no solamente exhiben un descuido criminal y una deficiencia insoportables, sino que también nos llenan de preocupación y de vergüenza.
En una infortunada coincidencia con el casi final del sexenio del presidente Vicente Fox Quesada, la Organización de las Naciones Unidas reconvino al gobierno de México por la subsistencia de actitudes patriarcales, el aumento de la pornografía, la prostitución infantil y la falta de atención para combatir la trata de personas, así como por la incontenible ola de asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez, Chihuahua.
El Comité para la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer (Cedaw) censuró también el ínfimo número de mujeres en puestos de tomas de decisión, sobre todo en municipios y en el servicio exterior.
La llamada de atención no es fortuita, porque México está obligado, por sus propias leyes y por la aceptación voluntaria de compromisos internacionales, a la atención eficaz de esos problemas que danan la esencia misma de la sociedad.
Además, la misma Cedaw dice que le preocupa que la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), encargada de vigilar la aplicación de la Ley General de Igualdad entre Mujeres y Hombres, no tiene el suficiente conocimiento sobre cuestiones de género ni tampoco dispone de los recursos humanos y financieros para cumplir esta función.
Particularmente preocupa a diversas organizaciones civiles que el compromiso presidencial a favor de las mujeres haya sido solamente una simulación.
La evaluación de la ONU en estas materias, cuya causa subyace, en su opinión, en la actitud patriarcal que persiste, constituye de hecho una censura al gobierno que se va y la oportuna advertencia para que el próximo presidente, Felipe Calderón Hinojosa, que tomará posesión el primero de diciembre, asuma con seriedad la vigilancia para mejorar tal situación.
En los últimos anos no sólo hemos perdido calificaciones en campos indispensables para el desarrollo nacional, como la educación, el combate a la pobreza y el mejoramiento de la salud pública, sino que observamos el avance de la delincuencia, la desigualdad y, ahora, la violencia y la discriminación en contra de las mujeres, la pornografía y la prostitución de nuestros menores.
Cuando una sociedad no es capaz de proteger a sus mujeres y a sus ninos, y permite con impotencia que se les corrompa, margine, explote, lastime y asesine, se está colocando en la senda de la degradación total.
La corrección de estos vicios debe ser alentada por una profunda responsabilidad oficial que merezca un reconocimiento de los organismos internacionales que hoy nos hacen tan grave senalamiento, atentos a las desviaciones de que nuestra nación es víctima. Hay una violencia generalizada en contra de las mujeres mexicanas y una discriminación abusiva en las oportunidades de educación, empleo, desenvolvimiento personal y social. Y, lo que es más grave, siguen ocurriendo desapariciones y homicidios sin que ninguna autoridad pueda ofrecer respuestas satisfactorias. (El Universal).











