La falta de lluvias en el estado se ha visto reflejada en el campo y los ingresos de productores del municipio de Ixtapa. Para Darinel Pérez López, campesino y productor de la comunidad El Limón, la sequía ha provocado una disminución de entre 50 y 60 por ciento en la economía de las familias dedicadas a las actividades agrícolas.
El productor explicó que uno de los cultivos más afectados por las condiciones actuales es el maíz, cuya cosecha prácticamente terminó en algunas zonas debido a la falta de humedad en el suelo.
La situación también ha obligado a los productores a recurrir al riego para mantener otros cultivos que todavía se encuentran en producción, entre ellos tomate verde, pepino, tomate rojo, chile habanero, chile jalapeño y elote.
Señaló que la producción agrícola suele disminuir a partir de enero debido a la temporada seca, por lo que la disponibilidad de agua se convierte en uno de los principales retos para mantener las cosechas.
Precios para el consumidor
Ante este escenario, los productores también buscan que sus productos lleguen al consumidor a precios accesibles, sobre todo cuando tienen la posibilidad de venderlos directamente y reducir la participación de intermediarios.
Durante eventos especiales, los precios suelen ser más bajos para mantener una relación más directa entre quien produce y quien compra.
Por otro lado, subrayó que el tiempo que requiere cada cultivo para llegar a la cosecha depende de las condiciones climáticas.
Comentó que estos periodos pueden variar dependiendo de las condiciones del clima, particularmente de la disponibilidad de agua.
Esfuerzo
En este sentido, consideró importante que los consumidores reconozcan el esfuerzo que existe detrás de cada cosecha y eviten menospreciar a los campesinos por su apariencia o por las condiciones en las que realizan su trabajo.
“Somos de la tierra y por nosotros comen ellos”, expresó.
También destacó que algunos campesinos han comenzado a transitar hacia prácticas de agroecología, con la intención de reducir gradualmente el uso de productos convencionales y avanzar hacia una producción más saludable y sostenible.
Aunque reconoció que se trata de una transición que apenas comienza, confió en que las nuevas generaciones puedan continuar este proceso hasta alcanzar una producción cada vez más orgánica.












