"Aunque no hay país que avance sin una hacienda pública sana, no hay ciudadano que se alegre por pagar impuestos ni político que quiera asumir los costos de los aumentos en las tasas impositivas. Esto queda más que claro después de la aprobación en la Cámara de Diputados de la reforma fiscal, que deberá sentar las bases para que el país crezca.
Lo que procede es que una vez establecidas las bases fiscales del próximo ano, todos los actores involucrados asuman su responsabilidad tanto al pagar como al cobrar y más al gastar.
No hay tiempo para contemplaciones: México necesita empleos, aumentar su competitividad económica a través de la inversión en infraestructura y sobre todo atender la desigualdad a través del gasto público, lo cual si bien ahora es difícil antes era imposible con la exigua recaudación fiscal. Qué mal que no se encontraran fórmulas más imaginativas para ampliar la base gravable de contribuyentes o para acabar con la evasión y se tuviera que recurrir a figuras indirectas como el Impuesto Empresarial a Tasa Única (IETU), al aplicado gradualmente a gasolinas o al Impuesto a los Depósitos en Efectivo (IDE).
En México, además del futbol, el otro deporte nacional ha sido la evasión fiscal, encontrar y agrandar los hoyos que con el tiempo se le fueron abriendo al Impuesto Sobre la Renta (ISR) vía regímenes especiales. Y no era el contribuyente menor el más beneficiado, sino paradójicamente las grandes empresas, con sus despachos de contabilidad orientados a pagar cantidades irrisorias, después de obtener jugosas ganancias. Tal inequidad acabó por ""quebrar"" la recaudación y hoy hay que buscar que cada quien pague lo justo, no más, pero tampoco menos.
Por otra parte, tampoco habla bien de los estados de la República que, siendo los más beneficiados con la reforma -porque la mayor parte de los nuevos ingresos se irán a fortalecer el federalismo fiscal- rehuyeran asumir el cobro directo de lo que por hidrocarburos se genere.
Habrá que cuidar que los aumentos impositivos no sean injustificadamente trasladados al precio final de bienes y servicios, generando una burbuja inflacionaria que acabaría con cualquier esfuerzo recaudatorio nacional. Cierto, aumentar la gasolina es económicamente ""inflamable"" porque, como sabemos, todo se transporta. Pero de ahí a iniciar una escalada de aumentos -pretextando los nuevos impuestos o el alza a la gasolina- sería suicida.
Más recursos para la Federación y más margen de maniobra para Pemex tienen que reflejarse en infraestructura y empleos productivos. De nada habría servido todo el desgaste de la negociación y el desembolso ciudadano para que al final los ingresos excedentes se usen en salario para alta burocracia o deuda.
Falta el visto bueno de los senadores, pero ya una mayoría de legisladores la votaron y ahora habrá que hacer que funcione para el bien de todos los mexicanos.
El país necesita inversiones y puestos de trabajo bien remunerados. Tales deben ser las metas de esta nueva forma recaudatoria que deberá traducirse en lo que quiso ser una verdadera reforma fiscal si es que queremos realmente que el país en el largo plazo tenga viabilidad y, sobre todo, saque la cabeza del gasto comprometido que consume la mayor parte de los ingresos a costa de las inversiones de largo plazo. (El Universal).
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