Los comicios del pasado 2 de julio han puesto a prueba a las instituciones que los mexicanos nos hemos dado para conducir nuestras elecciones. Esto es así porque en las semanas pasadas el Instituto Federal Electoral (IFE) ha tenido la responsabilidad de llevar a cabo el proceso comicial federal en tanto que ahora corresponde al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación solucionar, sin mácula, las impugnaciones que se han hecho a las elecciones federales más competidas y polémicas de nuestra historia reciente.
Ayer, por ejemplo, la alianza Por el Bien de Todos y la Alianza por México descalificaron el reporte presentado por el Consejo General del IFE sobre lo sucedido el día de la elección, pues no estuvieron de acuerdo con la conclusión de que fue una jornada limpia y transparente, con irregularidades menores. El consejero presidente del IFE, Luis Carlos Ugalde, pidió a estos organismos que den cauce legal a sus inconformidades y que esperen la calificación final de la elección que está por hacer el Tribunal.
Por su parte, en una conversación con especialistas en materia electoral en EL UNIVERSAL, el mismo Ugalde reiteró el llamado a abrir una pausa en medio de las críticas a la autoridad, para conocer el juicio del tribunal y habló de la necesidad de una reforma electoral que contemple temas como las precampanas, los alcances de la libertad de expresión en la publicidad política, el tema del acceso a los medios de comunicación, el papel de los funcionarios públicos durante el proceso, los candidatos sin partido, la regulación de actores no partidistas, entre otros.
Es importante que se haga todo lo necesario para fortalecer a nuestras instituciones electorales, las cuales requieren de las condiciones óptimas para realizar su trabajo, así como que necesitan de una conducción adecuada para que la confianza y credibilidad de la que gozan no se vea minada.
El IFE y el Tribunal Electoral no pueden ser objeto de sospecha o cuestionamiento. Partidos políticos y ciudadanía han de trabajar juntos para valorar objetivamente sobre si la actuación de estas dos instituciones es deficiente o mala.
A su vez, quienes tienen en sus manos a los máximos órganos electorales del país deben trabajar con honestidad, talento y transparencia, para ratificar, día a día, la confianza que la sociedad tiene depositada en ellas.
México tuvo durante muchos anos un sistema electoral dependiente del Poder Ejecutivo, vertical en sus decisiones y opaco en su funcionamiento, que danaron seriamente su imagen ante la población. Diversas reformas electorales tomaron como base ese alto nivel de desconfianza ciudadana para armar un esquema electoral nuevo y mejor. Por eso es deseable que ni dentro ni fuera de esas instituciones se mine su autoridad, ya sea por intereses electorales o por una deficiente conducción de tales órganos.
Dice el consejero presidente Luis Carlos Ugalde que el camino de la reforma política puede ser el más indicado para que en los siguientes procesos electorales se mejoren los procedimientos y la fortaleza del IFE. Esto es cierto, si queremos instituciones aún más fuertes y confiables. (El Universal)











